28 ene 2026

DONDE NO LLEGAN LAS PALABRAS

Últimamente, quizá sea por este clima, quizá sea porque hace poco he cambiado de década, quizá sea porque la vida me va insinuando un camino nuevo, un cambio de rumbo otra vez, como en otras décadas, estoy recordando mucho mis años viviendo en Escocia.

Porque la vida tiene su gracia; la veces pienso que le gusta reírse de mi, pero en vez de ofenderme y pelear con un enemigo mas fuerte que yo, me sumo a su fiesta y lo acabo pasando bien. Nunca fui buen estudiante, pero si había algo en lo que destacaba por mi ineptitud, era el inglés. Así que, una noche se me cayeron las llaves de casa por el hueco del ascensor, y de ahí, empezaron a pasar cosas, 3 meses después estaba viviendo en las Highlands.

Allí, no tuve mas remedio que vivir, trabajar, y estudiar inglés con ansiedad. Me consta que en la primera academia en la que estuve se me seguía poniendo de ejemplo un par de años después de cómo alguien podía llegar allí sin tener ni idea del idioma, sobrevivir y prosperar.

Nunca he hablado del punto de inflexión de aquella época. 

Un día en el que estudiábamos los artículos, parte de la clase no entendía nada. Y es que en algunas lenguas del norte y el este de Europa, los idiomas no tienen artículos, por lo que entender algo tan aparentemente sencillo, para más de la mitad de la clase, era dificilísimo.

¿Y porque fue un punto de inflexión? 

Porque me sentí el mas listo de la clase por primera vez en mi vida. 

Con casi 30 años. 

En inglés.

Impossible is nothing.


Tiempo después, descubrí que en japonés no existe el famoso tercer condicional del inglés (si hubiera sabido …, no habría tenido …) así que la manera de imaginar el mundo, de pensar en todo aquello que no ha sido se estructura en el cerebro de manera diferente.

Así que supongo que esos momentos que ocurren en la vida en los que no encuentras palabras para describir qué es aquello que has vivido, todo lo sentido, cuando no hay música de fondo, luces ni fuegos artificiales, si no, solo tu sabes qué es eso que está ocurriendo ahí dentro, quizá sea porque has encontrado un límite del idioma, no porque no le puedas poner palabras, sino, porque eso que estás viviendo todavía no se puede nombrar.

Y entiendo, que en ese momento no será tan importante si estás viviendo tu vida o estás viviendo la vida.


20 ene 2026

EL MOMENTO ANTES DEL MOMENTO


 Soy lo que soy gracias a lo que fui, 
A pesar de mis decisiones,
Gracias a mis fracasos,
Por culpa de mis aciertos.

Siempre hay un momento antes del momento, 
Todo lo que no se puede prever, 
Que no se sabe intuir.
Pero pasa.

Las lágrimas de ayer son hoy la luz,
Las sonrisas de hoy, quizá mañana pesarán,
Aún así todo valdrá la pena.

Porque el mundo no deja de girar,
Y aunque las nubes pueden volver, 
También sé que volverá a ponerse de cara.

Seguiré eligiendo batallas,
Enfrentando problemas,
Disfrutando las alegrías 
Y maldiciendo los errores.

Pero aceptando y construyendo 
El futuro con las manos,
Hablando con el corazón 
Y sintiendo con la cabeza.

Aunque todos los caminos
Sean el mismo repetido,
Estoy eligiendo el mío.

Y así llegó 
Lo bueno de mañana.

9 ene 2026

ESA TRISTEZA NO ERA MÍA

Contaba una vez Eduardo Galeano que él era feliz, como lo es la gente normal, aunque él nunca fue del todo normal. Pero tenía su rutina, su vida, su trabajo y avanzaba como cualquiera, con sus idas y venidas, sus subidas y bajadas dentro de una existencia agradable.

Hasta que un día le sucedió algo inesperado para lo que tuvo que buscar una explicación.

Aquel sábado se había ido a dormir tranquilo, en paz, siendo un día más, pero se levantó con una pequeña y a la vez profunda tristeza, una melancolía espesa que enturbiaba el día, sin que hubiera un motivo aparente. Salió a pasear y no conseguía soltar esa pesadez que parecía arrastrar sus pies.

Siguiendo con su paseo, compró el periódico y se sentó a hojearlo. Allí encontró la explicación: la tristeza no era suya, sino consecuencia de la derrota de Peñarol la noche anterior. Así descubrió que él era hincha de Peñarol pese a que no lo sabía. Desde entonces todo cambió, y sus alegrías y penas ya quedaron inevitablemente ligadas al destino del equipo carbonero de Uruguay.

Puede parecer que Galeano exagera, que en la vida primero nos implicamos en algo, nos interesa y solo después sufrimos por ello, que hay una lógica en todo, pero las emociones en ocasiones se construyen de manera anárquica, y no queda otra más que aceptarlas y vivir con ellas.

Quizá no sea una norma universal, pero a mí me pasa.


Yo también he llevado una vida como he sabido, con mis aciertos y mis errores de los que, como el barro y el lodo, han sido los cimientos con los que he sembrado la vida que tengo.

Cuando acabas una maratón, ocurre que te duelen partes del cuerpo que no sabías que existían. Últimamente vivo con esa sensación. Estoy conociendo partes de mí que no sabía que eran así. Ya estoy en el cuarto piso. A estas alturas de la vida, se podría pensar que los cimientos ya deberían ser sólidos, que ya no hay margen para sorpresas. O quizá no. Quizá los cimientos se construyeron pensando en aguantarlo todo. Confiemos.

Quizá por ello me reconozco tanto en esa anécdota de Galeano. No descubrí una tristeza nueva; me crucé sin esperarlo y casi sin verla, con lo que me ha hecho mas yo que nunca. 

El camino, cuando se construye es imperfecto, pero empieza a parecer que es único y, cuando es construido por nosotros mismos, no hace falta dejar migas para recordarlo, ya te lo sabes.

Y oye, supongo que la vida era esto.