Una vez leí que cuando cayó el Muro de Berlín, los periodistas que cruzaban a la zona oriental preguntaban a la gente sobre cómo era su vida, sobre los cambios que habían vivido en el nuevo sistema. Allí la gente contestaba que el problema no era que lo que les habían contado del comunismo era mentira, eso ya lo sabían; el verdadero problema era que lo que les habían contado del capitalismo era verdad.
A veces son peores las verdades que las mentiras, a veces duele más lo que prefieres no saber a lo que no sabes.
Puedo entender muy bien la sensación de la que hablan. Debe ser parecida a la que sientes el lunes cuando te levantas para ir a trabajar: es terrible tener la obligación y renunciarías en ese momento a tu herencia por poder quedarte una hora más metido en la cama. Pero si lo piensas bien, si no tuvieras esa obligación, estarías mucho peor.
Sí, no es el momento más optimista de la semana.
Así que pasemos a ver el lado positivo, hablemos de lo malo de lo bueno.
Leí varias veces al poeta decir que “el buen recuerdo puede doler”, pero nunca tuvo el valor de contarme que “el mal recuerdo puede construir”, tuve que aprender que el tiempo pinta y da luz a la oscuridad. E incluso, cuando tienes paciencia llega hasta a tener sentido lo incomprensible.
He visto dolores profundos, lágrimas amargas que, con el tiempo se han convertido en los cimientos sobre los que ha crecido la dignidad, vidas honestas y felices. Sea lo que sea la felicidad.
Leía mientras escribía esto que alguien que es filósofo, CEO y algunas cosas más que el éxito en la vida depende en un 50% de la suerte y dentro de ese 50% la mayoría es “timming”. Estoy de acuerdo en que no depende de ti, que el componente aleatorio va a marcar mucho. PERO permanecer, no rendirse y no dejar de buscarlo, te acerca a ese 50%. Pero claro, el manual de cuándo permanecer y cuándo largarse a tiempo, permanece oculto para muchos de nosotros.
Por eso, cuando hace unos días me saltaron las lágrimas de dolor porque todavía me muerdo la lengua mientras como, hasta hacerme heridas absurdas, me vino bien para recordarme que no soy tan listo como me creo. Y que incluso con el VAR siguen existiendo las injusticias, y lo que es peor, hasta se justifican.
