5 feb 2026

ARTABÁN

Cuentan que los Reyes Magos no eran tres, sino cuatro. 

Existe una leyenda que habla de un cuarto rey, llamado Artabán, que de camino a Belén se encontró con una persona a la que habían asaltado y robado todo lo que tenía, Artabán se detuvo a ayudarla. Esa atención fue lo suficientemente larga como para perder la estela de la estrella y también para no llegar a tiempo al encuentro de los otros tres magos. Tardó más de lo que podía en encontrar el rumbo y, cuando por fin lo hizo, ya era tarde. El niño y su familia habían huido ya a Egipto. Y es que en el trayecto, Artabán se despistaba y se detenía para ayudar a algunas de las personas que se iba encontrando. 

Así, casi sin darse cuenta, el camino se le estaba llenando de gente.

Artabán estaba fracasando en el objetivo de su viaje. Mientras los otros tres Reyes conocieron y adoraron al Mesías, él se lo perdió por distraído. Como diríamos hoy, se dispersaba y “perdió el foco”. Tanto atender los imprevistos y las dificultades que surgían en el camino, se perdió las cosas importantes, y con ello también perdió su lugar en la historia. 

Aunque es probable que ganara otras cosas que no trascendieron tanto.

Dice la historia que Artabán nunca perdió la esperanza de conocer a Jesús. Aunque nunca llegaría a conseguirlo. O no de la manera que él esperaba. Se cuenta que, cuando Jesús murió en la cruz, algo extraño sucedió; como si le hablara el mismo Dios, Artabán descubrió que no había estado con ÉL solo una vez, sino que lo había estado tratando durante toda su vida. Porque aquello que sentía cuando estaba con la gente a la que ayudaba, esa paz, eso era Dios.

Así que algunos en la vida caminamos con la sensación de no llegar a tiempo. Quizá seas de los que siente que la vida les atropella y que, cuando aparece, siempre es tarde. Fracasas en lo fundamental y parece que solo avanza lo intangible, pero no estás seguro porque eso no se puede medir. 

Y dudas. Porque quieres ir siempre con la ropa limpia y planchada, pero te manchas, te tiemblan las manos y las certezas se diluyen. Es entonces cuando quizá —y solo quizá—, intuyes que la vida está ahí, lejos de los focos, los tronos y las tarimas.


Para todos aquellos a los que nuestra torpeza nos desvió del camino, para quienes nuestro día no fue la mañana del 6 de enero, a lo mejor Artabán aparece algún día cuando ya no se le espera.

Primero teníamos que pasar por Egipto.

1 feb 2026

POR LA TARDE FUI A NADAR

“Hoy Alemania le ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar”

El 2 de agosto de 1914 no solo faltaban setenta años para que naciera yo, sino que también se produjo la que probablemente sea la anotación mas famosa de un diario. Lo escribía Kafka y, sin saberlo, estaba dando una de las lecciones mas importantes de la humanidad.

Y es que el mundo es un lugar complejo e inabarcable. Bien lo sabemos los que nos gusta el fútbol, esos seres moralmente inferiores que nos alegramos o nos amargamos por el resultado que se da después de que unos cuantos millonarios en pantalón corto libren sus batallas durante unas dos horas y no nos preocupamos por lo que de verdad importa.

Imagino a todos aquellos que me miran con su superioridad, buscando cada domingo por la tarde la cura del cáncer o acabar con el hambre en el mundo, mientras yo sufro por mi equipo.

Por suerte, vivimos en sociedad y la gente como yo, podemos apoyarnos en esos seres de luz que compensan nuestras miserias y tanto hacen por nosotros. 

Gracias.

Supongo que para algunos solo son lícitas las alegrías profundas, consistentes e importantes. Creo que tienen razón, aunque a veces veo aquellos que solo aceptan las alegrías que les aportan los suyos y me planteo si no habrá ahí más egoísmo, mas utilitarismo del que denuncian, que en alegrarte por un gol que es cierto, lo único que cambia es el ánimo. 

Quizá esto último sea lo más puro y lo que más te conecta con la niñez. No conozco alegría mas atávica.

Quizá ese punto de volver a la infancia, de disfrutar por lo inútil con ese punto de irresponsabilidad sea todo aquello que nos protege de nosotros mismos.

Hay semanas en las que te asomas ahí fuera y lo que ves es que parece que los villanos van ganando la batalla. Y yo sigo saliendo a correr casi cada día.

Renuncié a ser mejor que tu, reivindiqué seguir viviendo mientras pueda.

28 ene 2026

DONDE NO LLEGAN LAS PALABRAS

Últimamente, quizá sea por este clima, quizá sea porque hace poco he cambiado de década, quizá sea porque la vida me va insinuando un camino nuevo, un cambio de rumbo otra vez, como en otras décadas, estoy recordando mucho mis años viviendo en Escocia.

Porque la vida tiene su gracia; la veces pienso que le gusta reírse de mi, pero en vez de ofenderme y pelear con un enemigo mas fuerte que yo, me sumo a su fiesta y lo acabo pasando bien. Nunca fui buen estudiante, pero si había algo en lo que destacaba por mi ineptitud, era el inglés. Así que, una noche se me cayeron las llaves de casa por el hueco del ascensor, y de ahí, empezaron a pasar cosas, 3 meses después estaba viviendo en las Highlands.

Allí, no tuve mas remedio que vivir, trabajar, y estudiar inglés con ansiedad. Me consta que en la primera academia en la que estuve se me seguía poniendo de ejemplo un par de años después de cómo alguien podía llegar allí sin tener ni idea del idioma, sobrevivir y prosperar.

Nunca he hablado del punto de inflexión de aquella época. 

Un día en el que estudiábamos los artículos, parte de la clase no entendía nada. Y es que en algunas lenguas del norte y el este de Europa, los idiomas no tienen artículos, por lo que entender algo tan aparentemente sencillo, para más de la mitad de la clase, era dificilísimo.

¿Y porque fue un punto de inflexión? 

Porque me sentí el mas listo de la clase por primera vez en mi vida. 

Con casi 30 años. 

En inglés.

Impossible is nothing.


Tiempo después, descubrí que en japonés no existe el famoso tercer condicional del inglés (si hubiera sabido …, no habría tenido …) así que la manera de imaginar el mundo, de pensar en todo aquello que no ha sido se estructura en el cerebro de manera diferente.

Así que supongo que esos momentos que ocurren en la vida en los que no encuentras palabras para describir qué es aquello que has vivido, todo lo sentido, cuando no hay música de fondo, luces ni fuegos artificiales, si no, solo tu sabes qué es eso que está ocurriendo ahí dentro, quizá sea porque has encontrado un límite del idioma, no porque no le puedas poner palabras, sino, porque eso que estás viviendo todavía no se puede nombrar.

Y entiendo, que en ese momento no será tan importante si estás viviendo tu vida o estás viviendo la vida.


20 ene 2026

EL MOMENTO ANTES DEL MOMENTO


 Soy lo que soy gracias a lo que fui, 
A pesar de mis decisiones,
Gracias a mis fracasos,
Por culpa de mis aciertos.

Siempre hay un momento antes del momento, 
Todo lo que no se puede prever, 
Que no se sabe intuir.
Pero pasa.

Las lágrimas de ayer son hoy la luz,
Las sonrisas de hoy, quizá mañana pesarán,
Aún así todo valdrá la pena.

Porque el mundo no deja de girar,
Y aunque las nubes pueden volver, 
También sé que volverá a ponerse de cara.

Seguiré eligiendo batallas,
Enfrentando problemas,
Disfrutando las alegrías 
Y maldiciendo los errores.

Pero aceptando y construyendo 
El futuro con las manos,
Hablando con el corazón 
Y sintiendo con la cabeza.

Aunque todos los caminos
Sean el mismo repetido,
Estoy eligiendo el mío.

Y así llegó 
Lo bueno de mañana.

9 ene 2026

ESA TRISTEZA NO ERA MÍA

Contaba una vez Eduardo Galeano que él era feliz, como lo es la gente normal, aunque él nunca fue del todo normal. Pero tenía su rutina, su vida, su trabajo y avanzaba como cualquiera, con sus idas y venidas, sus subidas y bajadas dentro de una existencia agradable.

Hasta que un día le sucedió algo inesperado para lo que tuvo que buscar una explicación.

Aquel sábado se había ido a dormir tranquilo, en paz, siendo un día más, pero se levantó con una pequeña y a la vez profunda tristeza, una melancolía espesa que enturbiaba el día, sin que hubiera un motivo aparente. Salió a pasear y no conseguía soltar esa pesadez que parecía arrastrar sus pies.

Siguiendo con su paseo, compró el periódico y se sentó a hojearlo. Allí encontró la explicación: la tristeza no era suya, sino consecuencia de la derrota de Peñarol la noche anterior. Así descubrió que él era hincha de Peñarol pese a que no lo sabía. Desde entonces todo cambió, y sus alegrías y penas ya quedaron inevitablemente ligadas al destino del equipo carbonero de Uruguay.

Puede parecer que Galeano exagera, que en la vida primero nos implicamos en algo, nos interesa y solo después sufrimos por ello, que hay una lógica en todo, pero las emociones en ocasiones se construyen de manera anárquica, y no queda otra más que aceptarlas y vivir con ellas.

Quizá no sea una norma universal, pero a mí me pasa.


Yo también he llevado una vida como he sabido, con mis aciertos y mis errores de los que, como el barro y el lodo, han sido los cimientos con los que he sembrado la vida que tengo.

Cuando acabas una maratón, ocurre que te duelen partes del cuerpo que no sabías que existían. Últimamente vivo con esa sensación. Estoy conociendo partes de mí que no sabía que eran así. Ya estoy en el cuarto piso. A estas alturas de la vida, se podría pensar que los cimientos ya deberían ser sólidos, que ya no hay margen para sorpresas. O quizá no. Quizá los cimientos se construyeron pensando en aguantarlo todo. Confiemos.

Quizá por ello me reconozco tanto en esa anécdota de Galeano. No descubrí una tristeza nueva; me crucé sin esperarlo y casi sin verla, con lo que me ha hecho mas yo que nunca. 

El camino, cuando se construye es imperfecto, pero empieza a parecer que es único y, cuando es construido por nosotros mismos, no hace falta dejar migas para recordarlo, ya te lo sabes.

Y oye, supongo que la vida era esto.

29 dic 2025

UN PESO LIGERO

Cuando no encuentro palabras ni recursos para avanzar, para saber qué decir, recurro al Cuestionario Proust, y la verdad es que en las situaciones importantes de verdad, no me ha fallado.

Una de las preguntas de ese cuestionario es “¿Cuál es tu idea del éxito?”

Pues bien, mi idea de éxito no llega a la mitad de lo que viví ayer, ni a una cuarta parte de todo lo que me ha regalado este mes de diciembre. Ha sido un mes fantástico, inolvidable, que no ha dado tregua y con momentos inolvidables que recordaré ya siempre.

Hemos intentado atrapar el tiempo, construir un calendario y vivir con cierta lógica. Pero eso al mundo siempre le ha dado igual: se empeña en llevar su propio ritmo caótico, desordenado e incomprensible.

Y así, tengo que decir que este mes han aparecido tres días que, en un orden “normal”, podrían tardar años en suceder. Quizá una vida entera.

Es increíble.



¡GRACIAS!

Ayer pude flotar, no había peso.

La vida fue ligera.

10 dic 2025

CRÓNICA: VALENCIA MARATHON PARADISE (I)

Habían pasado apenas unos minutos desde que crucé la meta. Estaba rodeado de finishers, con una felicidad profunda sólida y genuina que se plasmaba en una sonrisa atávica con la que llegué a la zona de las medallas. Una voluntaria me colgó la mía al cuello y, en ese momento, noté cómo me caía todo el peso de este año. Ni pude ni quise contener el llanto. Las lágrimas se me caían, allí solo y rodeado de gente. Lo había conseguido.

Lo hemos vuelto a hacer por primera vez.

Dice Drexler que “antes de mí tú no eras tú, antes de ti yo no era yo” y este Maratón Paradise 2025 tiene mucho de eso. Son ya ocho maratones. Supongo que seguiría siendo feliz y seguiría siendo yo sin maratones, como lo seguiré siendo cuando llegue el día en que ya no participe en estas carreras, (si es que ese día llega), que no lo sé. Pero también tengo claro que sin ellas sería un poco menos feliz y un poco menos del que soy hoy.

Cada maraton ha sido un proceso, una historia que ha acabado con una marca: esos ocho números que dicen cuánto has tardado en recorrer la distancia de Filípides. Lo que esas cifras no cuentan es todo lo que hay detrás. Que es mucho. No solo cientos de kilómetros: también dudas, sueños y todas esas cosas que no salen en Strava ni Garmin almacena.

Claro que corro por una marca, por saber hasta dónde puedo llegar, por no dejar esa parte infantil que soñaba con ser deportista olímpico y, sobretodo, por no dejar nunca de jugar y pasarlo bien. Pero supongo que madurar es valorar otras cosas y ya no corro solo por eso, ahora, también valoro otras cosas. Quién me lo iba a decir.

Hace tiempo que cuento a todo el que se presta a escucharme hablar de esta obsesión, que yo me inscribo a maratones persiguiendo aquellas sensaciones que viví en el km14 del año 2021, o las del km28 del 2023, donde me pellizqué en carrera para asegurarme que no era un sueño. Eso no se puede contar: se siente, pasa por la piel y se queda tatuado en algún lugar de la memoria.

Y nadie garantiza que vuelva a ocurrir.

Pero vuelvo a 2025. 

Medio año remando a contracorriente, lleno de dudas y encajando golpes, pero sin abandonar. Con el verano llegó el cambio: sin pedir permiso, sin avisar, el viento se puso de cola y las cosas empezaron a ordenarse; la tormenta paró y el sol amenazaba con dejarse ver. Y el 19 de octubre la luz llegó, aunque las nubes tardarían un tiempo en irse.

Cuando las dudas persisten solo queda sumar, aunque nadie garantice que vaya a dar, seguían los madrugones y una cabezonería simple: seguir, seguir y seguir.

Las últimas tres semanas ya sabía que el sueño de volver a ser sub3 este año se había escapado. Así que la carrera se planteaba como un reto diferente. Y tenía mis dudas sobre si iba a ser capaz de disfrutar y sufrir sabiendo que el caramelo de la PB no me iba a estar esperando en meta.

Y vaya si lo conseguimos.

Ese 3:03 tiene un valor inmenso. La ilusión con la que viví el apoyo durante toda la carrera, el ambiente que se vivió, la emoción que impulsaba mis piernas tanto como el carbono o las proteínas, no se olvida.

No puedo agradecer a todos los que me animaron durante el recorrido y a quienes entrasteis conmigo en meta. El atletismo enseña que eres tú el que llega a meta, pero no lo haces solo: son muchos los que cruzan esa línea contigo.

Un año más, maraton me ha enseñado quién soy, dónde estaba, dónde estoy y dónde puedo llegar. Y también quiénes están. 

Es también, la primera vez que estaba en la línea de salida habiendo ganado ya la carrera. En ese sentido tenía una gran ventaja con respecto a los otros 35.999 participantes y, puedo asegurar, sin miedo a equivocarme, que la entrada a la alfombra azul en esos últimos 600 metros fue también, la mejor de todos los finishers, incluso aunque hubiera perdido el dorsal.

La vida sigue, pero este 7/12/2025 no me lo va a quitar ya nadie nunca. Esta sensación de haber vivido algo único, de haber llegado hasta aquí con todo lo que ha supuesto este año, ya forma parte de mí, de lo que soy. Vendrán nuevos retos, cruzaré nuevas metas y me enfrentaré a nuevas dudas, pero ya sé que al final del camino se convierte un peso ligero.