He acabado de escribir el texto que vas a leer si tienes un rato sin nada mejor que hacer y he visto algo que me perturba: me he convertido en esa persona de mas de 40 años que no tiene suficiente con comprarse una bici, además le salen leccioncitas de mierda sobre la vida.
Esa clase de persona que conviene evitar: no tengo ni idea de cubiertas, desarrollos o bidones, pero tengo los bemoles para ponerme a ofrecer una reflexión trascendental sobre la vida y el esfuerzo. El gobierno debería multarme y acabar con esto.
Perdón por la tontería y gracias por leer.
Todas estas ideas empezaron porque iba subiendo una pequeña cuesta y, por mucho empeño que ponía, no sentía que avanzara, sin embargo, unos kilómetros después, sin esfuerzo, la bici iba lanzada y claro, pensaba en lo injusto y paradójico de la situación: cuando mas me esforzaba, mas lento iba, pero cuando no hacía nada, era cuando más rápido iba, tanto que alcanzaba velocidades que en otro terreno por mucho que lo intentara no sería capaz de alcanzar.
Mi cabeza ahí, no se puede callar y me está subrayando lo irónico de la situación.
Yo me defiendo de estos pensamientos recordándome que aunque es verdad que para poder disfrutar de un descenso así, antes hay que pasar por esas subidas de plato pequeño, dientes apretados y esa frustrante sensación de que las piernas no van justo cuando las estás exprimiendo al máximo.
No siempre se puede avanzar rápido. A veces llegas a creer que ese puerto no va a terminar nunca, que la cuesta es infinita. Pero todo acaba. Y después puedes disfrutar del descenso, sin perder la concentración para no romperte la cabeza, pero sí, el camino también regala descensos cómodos y largos. Aunque pasen rápido.
Y sí, los descensos tampoco duran para siempre. Por muy agradables y felices que parezcan, acabaríamos bajo tierra si no llegara el llano. Hay que aprovechar esos momentos para valorar, disfrutar y recuperar pulsaciones, no ceder a la tentación de pensar que está todo hecho y prepararse para la siguiente subida. Porque siempre hay una subida más.
Supongo que de eso va también esto: de aceptar que habrá momentos para apretar los dientes y aguantar, y otros de dejarse llevar, de ir cambiando de piñón cuando sea necesario adaptándose al terreno por el que ruedas. Y llegar al final cansado y satisfecho por el camino recorrido, sabiendo que lo importante ocurre cuando bajas de la bici.
Pero no hay nada más importante que dedicarle esfuerzo a lo que no es importante.
