La semana pasada tuve uno de esos días en los que llegas a la noche agotado. Así que hice lo mejor que una persona con intereses y criterio puede hacer: poner la tele y ver un partido del Mundial en el que hay tensión, pero te da igual quién gana. Quizá ver a otros sufrir por lo no importante me hace sentirme acompañado. Y mejor.
Estaba jugando Bélgica. Vi a Courtois de portero y me acordé de las gafas que he estado usando para nadar durante el mes de junio.
Me explico.
He dedicado gran parte del mes de junio preparando el triatlón. Más de 15.000 metros nadando entre la piscina y el mar. Siempre con las mismas gafas, las que encontré por casa que tendrán más de 10 años. Son unas gafas que se empañan, no es una tragedia, pero tampoco tengo la mejor visión posible, la suficiente para intuir si hay alguien que se acerca y evitar o, al menos, prepararme para el golpe. Porque el agua ya es bastante hostil por sí sola.
Pocos días antes del triatlón, buscando algo por casa, encontré unas gafas claramente mejores y más prácticas que las que he estado usando todo este tiempo. Pero las volví a guardar allí donde estaban: no me parecía justo, en el último momento abandonar las gafas que me habían estado acompañando durante toda la preparación. Me sabía mal abandonarlas y traicionarlas a las primeras de cambio.
Como si las gafas pudieran sentirse traicionadas.
Y entonces me acordé de la temporada 2023/2024. Antes de que arrancara, en el mes de agosto, Courtois se rompió el ligamento cruzado y pasó prácticamente toda la temporada lesionado. Mientras tanto, el portero suplente rindió a un nivel mucho más alto del esperado, ayudando al equipo a clasificarse para la final de la Champions.
Pocas semanas antes de la final, le dieron el alta a Courtois, y a nosotros nos dieron las dudas y el debate: ¿debía jugar el portero que les había llevado hasta allí o el mejor portero del mundo?
Es el Real Madrid: nada de sentimentalismos. Jugó Courtois. El Madrid salió campeón de Europa y Courtois fue el mejor del partido.
Tengo claro lo que hubiera hecho yo. Supongo que por eso el Madrid tiene ni se sabe cuántas Copas de Europa y yo estoy donde estoy. Quizá lo de ser frío y práctico no sea tan malo como dicen.
O quizá haya otras explicaciones que tengan que ver con el talento, pero prefiero esta que es perfecta para lo que quiero contar hoy.
Así que a veces intento ser más frío de lo que soy y me da miedo convertirme en una persona excesivamente calculadora. Otras temo dejarme llevar por lo que siento y perder objetividad y criterio. Nunca he sabido muy bien dónde está el equilibrio y esa búsqueda, sospecho, me acompañará durante mi vida.
Por ello desconfío de aquellos que parecen tenerlo todo claro. De esos que se definen como “muy emocionales” o los que presumen de ser capaces de hablar siempre desde la razón.
Desconfío por incredulidad o por envidia.
No lo tengo claro.
Yo sigo buscando mi sitio.