Lo importante en la vida es vender tu película, aunque nadie te la quiera comprar. Pero la sensación de volver a casa pensando que todo lo que creías cuando saliste era verdad, es tremenda. Sentirse listo. Aunque todos hayan vuelto reafirmados en sus ideas después de haber participado en un intercambio de monólogos.
6 may 2026
MIS DUDAS SIGUEN DE PIE
30 abr 2026
LO MALO DE LO BUENO
Una vez leí que cuando cayó el Muro de Berlín, los periodistas que cruzaban a la zona oriental preguntaban a la gente sobre cómo era su vida, sobre los cambios que habían vivido en el nuevo sistema. Allí la gente contestaba que el problema no era que lo que les habían contado del comunismo era mentira, eso ya lo sabían; el verdadero problema era que lo que les habían contado del capitalismo era verdad.
A veces son peores las verdades que las mentiras, a veces duele más lo que prefieres no saber a lo que no sabes.
Puedo entender muy bien la sensación de la que hablan. Debe ser parecida a la que sientes el lunes cuando te levantas para ir a trabajar: es terrible tener la obligación y renunciarías en ese momento a tu herencia por poder quedarte una hora más metido en la cama. Pero si lo piensas bien, si no tuvieras esa obligación, estarías mucho peor.
Sí, no es el momento más optimista de la semana.
Así que pasemos a ver el lado positivo, hablemos de lo malo de lo bueno.
Leí varias veces al poeta decir que “el buen recuerdo puede doler”, pero nunca tuvo el valor de contarme que “el mal recuerdo puede construir”, tuve que aprender que el tiempo pinta y da luz a la oscuridad. E incluso, cuando tienes paciencia llega hasta a tener sentido lo incomprensible.
He visto dolores profundos, lágrimas amargas que, con el tiempo se han convertido en los cimientos sobre los que ha crecido la dignidad, vidas honestas y felices. Sea lo que sea la felicidad.
Leía mientras escribía esto que alguien que es filósofo, CEO y algunas cosas más que el éxito en la vida depende en un 50% de la suerte y dentro de ese 50% la mayoría es “timming”. Estoy de acuerdo en que no depende de ti, que el componente aleatorio va a marcar mucho. PERO permanecer, no rendirse y no dejar de buscarlo, te acerca a ese 50%. Pero claro, el manual de cuándo permanecer y cuándo largarse a tiempo, permanece oculto para muchos de nosotros.
Por eso, cuando hace unos días me saltaron las lágrimas de dolor porque todavía me muerdo la lengua mientras como, hasta hacerme heridas absurdas, me vino bien para recordarme que no soy tan listo como me creo. Y que incluso con el VAR siguen existiendo las injusticias, y lo que es peor, hasta se justifican.
21 abr 2026
NOSTALGIA DESDE EL SIGLO XV
Todos arrastramos un pasado. Yo fui (y creo que siempre seré) scout. Recuerdo siendo monitor en una ruta cómo un chaval agotado y desesperado me decía que “necesitaba respirar aire contaminado y pudrir su cerebro jugando a la play”. Yo, mientras intentaba ayudarle y motivarlo, imaginaba a sus padres orgullosos por la educación que daban a su hijo creyendo que le estaban inculcando el amor por la montaña.
Les aplaudo el intento.
Imagino a este chico hablando con sus amigos 20 años después contando sus campamentos de niño, qué bien lo pasaba y reflexionando sobre que ahora las cosas ya no son como antes, se ha perdido la esencia.
La vida es compleja.
A todos se nos cuela la nostalgia a la mínima que nos relajamos, es una de esas trampas que me molestan especialmente cuando la detecto en discursos ajenos pero en la que, si caigo yo, está justificado. Porque en mi caso no es nostalgia, son recuerdos. Y argumentos válidos.
Por suerte aprendí que en realidad la gente no echa de menos el pasado, sino que se echa de menos a sí misma en ese pasado. Por eso es tan triste escuchar a alguien que no hace más que añorar aquello, solo les queda la caída.
Yo tengo recuerdos contradictorios de mi pasado. Cuando estaba en 3o de primaria, nos pasamos el año con un cartel en clase que celebraba el 500 aniversario del descubrimiento de América. Nostalgia del siglo XV.
Aquel año, no recuerdo por qué, un profesor nos preguntó a toda la clase si había algo que no nos gustaba. Yo dije algo que al hombre le pareció un sacrilegio: “no me gustan las naranjas”. Todo se paralizó y me hizo subir de pie a la mesa para mantener esa afirmación ya que, no era posible que a un valenciano no le gustaran las naranjas. Yo, sin entender nada me subí y dije que no, que no me gustaban.
No me alteré. Allí estaba de pie en aquella mesa sin saber si era peor lo de ser valenciano, lo de las naranjas o lo de la sinceridad.
Ese día aprendí 2 lecciones: que es mejor callar, y que cuando no has callado a tiempo, lo mejor es dar la razón al otro y pedir disculpas por el malentendido. Eso, o aprender a que te guste todo.
Pensándolo bien, no se puede decir que aquello no fuese un buen método de enseñanza. Aunque no estoy seguro que aprendiese lo que aquel hombre enseñaba, lo que aprendí todavía lo recuerdo hoy.
Todo no se puede tener.
Resulta que han pasado los años y ahora disfruto de las naranjas; como casi a diario. Pero no sé hacer una buena paella.
Porque quizá el problema no fuesen las naranjas, sino las expectativas.
Prometo que voy a mejorar.
25 mar 2026
UNOS POCOS PRINCIPIOS Y UN NOMBRE COMPUESTO
Hace unas semanas, mientras corría por el río en uno de esos rodajes que utilizo para despejarme, me crucé con una escena que no he logrado sacar de mi cabeza: una pareja corría: ella con la camiseta de entrenamiento del valencia cf; él, un paso por detrás, con la del Levante UD mientras lucía lo que para mí era una incomprensible sonrisa. Me alegro mucho por los dos, compartir esos momentos doy fe que no tienen comparación y, me doy cuenta de que poca gente, sabe y sabrá nunca lo que significa.
Siempre y cuando ignoremos el outfit, porque quizá esas personas me demostraron que son mejores que yo, que ni estaría (ni mucho menos sonreiría) en una situación así. En la vida hay que tener (unos pocos) principios.
Me aferro a esto de los principios porque es el único asidero al que aferrarme para no salir retratado en situaciones así.
Ojalá me leyera algún antropólogo que quisiera contarme que todo esto tiene una base evolutiva, que la capacidad para creernos los buenos es lo que nos ha permitido sobrevivir y avanzar como especie. Ya, con la ciencia de mi lado, podría con tranquilidad añadir que no es que me preocupe demasiado, que al fin y al cabo en la vida he aprendido que la mayoría de virtudes y defectos brotan del mismo lugar.
Pero mientras espero a que llegue la ciencia a salvarme de mí mismo, sigo usando mis principios como excusas o las excusas como principios. Porque quizá si se caen, descubriré que quizá la batalla de verdad sea lidiar con el hecho de que mis odios mas irracionales e injustificables salgan del mismo lugar del que sale el esfuerzo, la implicación y las fuerzas para luchar cuando no queda ya ni la esperanza del empate.
En ocasiones te ves frente al espejo y descubres que no eres tan bueno como te crees, que un gesto tan sencillo como una sonrisa inocente te da una lección que una clase magistral de varias horas no alcanzaría a enseñar. Porque, por suerte, la esencia de lo importante está al alcance de la vista de aquél que quiera mirar.
15 mar 2026
LA ESPERANZA
Dicen que si trabajas en algo que te gusta, no trabajarás ningún día de tu vida; sin embargo, siempre me ha parecido que si trabajas en lo que te gusta, el problema es justo el contrario: no dejas de trabajar nunca. Para lo bueno y para lo malo.
Quizá esto de la vocación sea algo que se inventase alguien en algún momento con una oscura intención, porque no nos engañemos: esto de la vocación sirve para mucho y, además, sale barata. Nos sale barata a todos.
Hace no mucho tiempo, la vida me puso de testigo de una de esas pequeñas historias que atraviesan todas tus convicciones, en las que la realidad se presenta compleja e imprevisible: qué pocos impuestos pagamos.
Es algo que ocurrió en un colegio público de educación especial, cuando unas profesoras se enteran de que a la familia de uno de sus alumnos la han desahuciado una tarde cualquiera y no tienen dónde pasar la noche: están con sus cosas en una calle. La familia quizá eran ocupas, o quizá pasaba una mala racha, quizá sean un desastre incapaces de organizarse y mantener una mínima estabilidad. No se sabe, o sí. Desde luego que lo ignoro, pero tampoco se pregunta porque es una de esas ocasiones en la vida en la que las soluciones son mas importantes que las respuestas.
No había noticias, estadísticas ni cámaras de televisión. Había un problema y se buscaban soluciones.
Puede que algunas profesoras no tuviesen nada que hacer esa tarde después de trabajar, o puede que sus planes dejasen de importar. El caso es que los dejaron a un lado para buscar soluciones; tratando de contactar con servicios sociales y ONGs que dieran cobertura a una familia con una necesidad evidente. Incluso creí escuchar que había quien ofrecía que se quedasen en su casa. Igual no exagero si cuento que hubo quien se hizo cargo de una habitación de hotel para que pudieran pasar la noche mientras encontraban alguna solución mas estable.
No era su trabajo, pero parece ser que hay quien no puede mirar para otro lado.
No son grandes empresarias, no activan la economía de un país; no son grandes políticas, no cambian las leyes para mejorar la vida de nadie ni se dedicaron a dar grandes discursos llenos de palabras rimbombantes.
A veces la vocación es una trampa, te roba el tiempo, la energía y entra en lugares de tu vida que deberían estar a salvo de esas cosas.
Y sin embargo hay días que recuerdas que, sin ella, el mundo sería un poco menos amable.
6 mar 2026
TONTOS Y ÉXITOS HUMILLANTES
Quién me conoce sabe que soy competitivo hasta el absurdo, con todo lo bueno y lo malo que tiene eso. Compito conmigo y con cualquiera que se cruce en mi camino. Es algo inevitable. Puedo estar yendo a trabajar y picándome a muerte con alguien que camina a mi lado que no se puede imaginar que en ese momento tiene un enemigo visceral de tres minutos.
Encima, llevo más inteligencia en la muñeca que en el cerebro. Uno de esos relojes que lo miden todo, hasta las ganas de vivir con las que te levantas.
Hace tiempo, hubo una noche en la que me acosté sin comprobar si había cumplido el objetivo de pasos del día, algo extraño debía estar pasando. Tampoco me dormía, así que me levanté a atracar lo (poco) que quedara en la nevera, (el concepto despensa no se maneja en mi hogar). Así que en el momento en que la abría en busca de glutamato, el reloj pitó: había logrado el objetivo del día.
Éxito humillante.
El otro día alguien me contó que Santo Tomás de Aquino en una de sus tesis había llegado a identificar veintidós tipos de tontos. La lista es una maravilla que ya tengo guardada. Pensándolo bien, desconocer la lista me hace ser parte de ella. En varias categorías.
Otra maravillosa y humillante contradicción.
Y aun así, seguimos queriendo entender lo que pasa. Escuchando el mundo, como supongo que lo hacía Santo Tomás con sus lecturas y sus escritos.
En otra conversación, alguien contaba que al llegar a un evento una persona le saludó y le explicaba con aparente complicidad que antes de que llegara había gente hablando mal de él y ella había tenido que salir a defenderle. Lo que, de forma extraña, le hizo sentirse incómodo mientras sospechaba que la incomodidad no era con quien había estado hablando mal de él, sino con quien no había tardado en abanderar su defensa y publicarlo.
No somos tan tontos como para no reconocer que hay halagos que lo único en lo que consisten es en disfrazar una humillación y así, posicionan al emisor por encima de ti.
Yo también los veo venir, como quien ve una granada llegar que ya no hay tiempo de desactivar: solo queda lanzarla lejos antes que estalle y poder salir ileso.
Eso, o salir corriendo sin mirar atrás.
19 feb 2026
EL TIEMPO QUE CUENTA
En ocasiones me sigue sorprendiendo y fascinando, a partes iguales, cómo funciona mi mente.
Puede que vaya andando por la calle, me cruce con alguien cuya cara me recuerda vagamente a alguien que me recuerda a otro alguien y, sin esperarlo, estoy sumido en una vergüenza profunda por algo que pasó en tercero de primaria.
Al rato salgo de ahí y vuelvo al presente sin aparentes daños colaterales pero con la sensación de haber vivido un viaje inútil y olvidable.
Por ello me impactó tanto, y recuerdo con precisión, la vez que escuché aquello de que la memoria es como un perro tonto al que le tiras un palo y te devuelve cualquier cosa.
No es solo algo mío.
Y explica también por qué, de vez en cuando, hay que dedicarle tiempo a lo superficial y a lo prescindible.
No todo puede ser importante y trascendental.
Merecemos, de vez en cuando, acompasar el ritmo a lo fútil.
Creo que tuvimos la suerte de que estas dos maneras de diferenciar el tiempo no llegaran a nuestros días, si hubiese sido así, estaríamos todavía mas obsesionados con con nuestro kairos, buscando como locos vivir momentos, vivir emociones, vivir experiencias. Aunque bien pensado no sé si eso es posible.
12 feb 2026
PEQUEÑAS (Y NO TAN MALAS) DECISIONES
Supongo que al final la vida funciona así. Vas tomando pequeñas decisiones en las que vas eligiendo el mal menor esperando que un día, con suerte, la vida te regale un bien mayor.
5 feb 2026
ARTABÁN
Cuentan que los Reyes Magos no eran tres, sino cuatro.
Existe una leyenda que habla de un cuarto rey, llamado Artabán, que de camino a Belén se encontró con una persona a la que habían asaltado y robado todo lo que tenía, Artabán se detuvo a ayudarla. Esa atención fue lo suficientemente larga como para perder la estela de la estrella y también para no llegar a tiempo al encuentro de los otros tres magos. Tardó más de lo que podía en encontrar el rumbo y, cuando por fin lo hizo, ya era tarde. El niño y su familia habían huido ya a Egipto. Y es que en el trayecto, Artabán se despistaba y se detenía para ayudar a algunas de las personas que se iba encontrando.
Así, casi sin darse cuenta, el camino se le estaba llenando de gente.
Artabán estaba fracasando en el objetivo de su viaje. Mientras los otros tres Reyes conocieron y adoraron al Mesías, él se lo perdió por distraído. Como diríamos hoy, se dispersaba y “perdió el foco”. Tanto atender los imprevistos y las dificultades que surgían en el camino, se perdió las cosas importantes, y con ello también perdió su lugar en la historia.
Aunque es probable que ganara otras cosas que no trascendieron tanto.
Dice la historia que Artabán nunca perdió la esperanza de conocer a Jesús. Aunque nunca llegaría a conseguirlo. O no de la manera que él esperaba. Se cuenta que, cuando Jesús murió en la cruz, algo extraño sucedió; como si le hablara el mismo Dios, Artabán descubrió que no había estado con ÉL solo una vez, sino que lo había estado tratando durante toda su vida. Porque aquello que sentía cuando estaba con la gente a la que ayudaba, esa paz, eso era Dios.
Así que algunos en la vida caminamos con la sensación de no llegar a tiempo. Quizá seas de los que siente que la vida les atropella y que, cuando aparece, siempre es tarde. Fracasas en lo fundamental y parece que solo avanza lo intangible, pero no estás seguro porque eso no se puede medir.
Y dudas. Porque quieres ir siempre con la ropa limpia y planchada, pero te manchas, te tiemblan las manos y las certezas se diluyen. Es entonces cuando quizá —y solo quizá—, intuyes que la vida está ahí, lejos de los focos, los tronos y las tarimas.
Para todos aquellos a los que nuestra torpeza nos desvió del camino, para quienes nuestro día no fue la mañana del 6 de enero, a lo mejor Artabán aparece algún día cuando ya no se le espera.
Primero teníamos que pasar por Egipto.
1 feb 2026
POR LA TARDE FUI A NADAR
“Hoy Alemania le ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar”
El 2 de agosto de 1914 no solo faltaban setenta años para que naciera yo, sino que también se produjo la que probablemente sea la anotación mas famosa de un diario. Lo escribía Kafka y, sin saberlo, estaba dando una de las lecciones mas importantes de la humanidad.
Y es que el mundo es un lugar complejo e inabarcable. Bien lo sabemos los que nos gusta el fútbol, esos seres moralmente inferiores que nos alegramos o nos amargamos por el resultado que se da después de que unos cuantos millonarios en pantalón corto libren sus batallas durante unas dos horas y no nos preocupamos por lo que de verdad importa.
Imagino a todos aquellos que me miran con su superioridad, buscando cada domingo por la tarde la cura del cáncer o acabar con el hambre en el mundo, mientras yo sufro por mi equipo.
Por suerte, vivimos en sociedad y la gente como yo, podemos apoyarnos en esos seres de luz que compensan nuestras miserias y tanto hacen por nosotros.
Gracias.
Supongo que para algunos solo son lícitas las alegrías profundas, consistentes e importantes. Creo que tienen razón, aunque a veces veo aquellos que solo aceptan las alegrías que les aportan los suyos y me planteo si no habrá ahí más egoísmo, mas utilitarismo del que denuncian, que en alegrarte por un gol que es cierto, lo único que cambia es el ánimo.
Quizá esto último sea lo más puro y lo que más te conecta con la niñez. No conozco alegría mas atávica.
Quizá ese punto de volver a la infancia, de disfrutar por lo inútil con ese punto de irresponsabilidad sea todo aquello que nos protege de nosotros mismos.
Hay semanas en las que te asomas ahí fuera y lo que ves es que parece que los villanos van ganando la batalla. Y yo sigo saliendo a correr casi cada día.
Renuncié a ser mejor que tu, reivindiqué seguir viviendo mientras pueda.
28 ene 2026
DONDE NO LLEGAN LAS PALABRAS
Últimamente, quizá sea por este clima, quizá sea porque hace poco he cambiado de década, quizá sea porque la vida me va insinuando un camino nuevo, un cambio de rumbo otra vez, como en otras décadas, estoy recordando mucho mis años viviendo en Escocia.
Porque la vida tiene su gracia; la veces pienso que le gusta reírse de mi, pero en vez de ofenderme y pelear con un enemigo mas fuerte que yo, me sumo a su fiesta y lo acabo pasando bien. Nunca fui buen estudiante, pero si había algo en lo que destacaba por mi ineptitud, era el inglés. Así que, una noche se me cayeron las llaves de casa por el hueco del ascensor, y de ahí, empezaron a pasar cosas, 3 meses después estaba viviendo en las Highlands.
Allí, no tuve mas remedio que vivir, trabajar, y estudiar inglés con ansiedad. Me consta que en la primera academia en la que estuve se me seguía poniendo de ejemplo un par de años después de cómo alguien podía llegar allí sin tener ni idea del idioma, sobrevivir y prosperar.
Nunca he hablado del punto de inflexión de aquella época.
Un día en el que estudiábamos los artículos, parte de la clase no entendía nada. Y es que en algunas lenguas del norte y el este de Europa, los idiomas no tienen artículos, por lo que entender algo tan aparentemente sencillo, para más de la mitad de la clase, era dificilísimo.
¿Y porque fue un punto de inflexión?
Porque me sentí el mas listo de la clase por primera vez en mi vida.
Con casi 30 años.
En inglés.
Impossible is nothing.
Tiempo después, descubrí que en japonés no existe el famoso tercer condicional del inglés (si hubiera sabido …, no habría tenido …) así que la manera de imaginar el mundo, de pensar en todo aquello que no ha sido se estructura en el cerebro de manera diferente.
Así que supongo que esos momentos que ocurren en la vida en los que no encuentras palabras para describir qué es aquello que has vivido, todo lo sentido, cuando no hay música de fondo, luces ni fuegos artificiales, si no, solo tu sabes qué es eso que está ocurriendo ahí dentro, quizá sea porque has encontrado un límite del idioma, no porque no le puedas poner palabras, sino, porque eso que estás viviendo todavía no se puede nombrar.
Y entiendo, que en ese momento no será tan importante si estás viviendo tu vida o estás viviendo la vida.
20 ene 2026
EL MOMENTO ANTES DEL MOMENTO
9 ene 2026
ESA TRISTEZA NO ERA MÍA
Contaba una vez Eduardo Galeano que él era feliz, como lo es la gente normal, aunque él nunca fue del todo normal. Pero tenía su rutina, su vida, su trabajo y avanzaba como cualquiera, con sus idas y venidas, sus subidas y bajadas dentro de una existencia agradable.
Hasta que un día le sucedió algo inesperado para lo que tuvo que buscar una explicación.
Aquel sábado se había ido a dormir tranquilo, en paz, siendo un día más, pero se levantó con una pequeña y a la vez profunda tristeza, una melancolía espesa que enturbiaba el día, sin que hubiera un motivo aparente. Salió a pasear y no conseguía soltar esa pesadez que parecía arrastrar sus pies.
Siguiendo con su paseo, compró el periódico y se sentó a hojearlo. Allí encontró la explicación: la tristeza no era suya, sino consecuencia de la derrota de Peñarol la noche anterior. Así descubrió que él era hincha de Peñarol pese a que no lo sabía. Desde entonces todo cambió, y sus alegrías y penas ya quedaron inevitablemente ligadas al destino del equipo carbonero de Uruguay.
Puede parecer que Galeano exagera, que en la vida primero nos implicamos en algo, nos interesa y solo después sufrimos por ello, que hay una lógica en todo, pero las emociones en ocasiones se construyen de manera anárquica, y no queda otra más que aceptarlas y vivir con ellas.
Quizá no sea una norma universal, pero a mí me pasa.
Yo también he llevado una vida como he sabido, con mis aciertos y mis errores de los que, como el barro y el lodo, han sido los cimientos con los que he sembrado la vida que tengo.
Cuando acabas una maratón, ocurre que te duelen partes del cuerpo que no sabías que existían. Últimamente vivo con esa sensación. Estoy conociendo partes de mí que no sabía que eran así. Ya estoy en el cuarto piso. A estas alturas de la vida, se podría pensar que los cimientos ya deberían ser sólidos, que ya no hay margen para sorpresas. O quizá no. Quizá los cimientos se construyeron pensando en aguantarlo todo. Confiemos.
Quizá por ello me reconozco tanto en esa anécdota de Galeano. No descubrí una tristeza nueva; me crucé sin esperarlo y casi sin verla, con lo que me ha hecho mas yo que nunca.
El camino, cuando se construye es imperfecto, pero empieza a parecer que es único y, cuando es construido por nosotros mismos, no hace falta dejar migas para recordarlo, ya te lo sabes.
Y oye, supongo que la vida era esto.



