“Hoy Alemania le ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar”
El 2 de agosto de 1914 no solo faltaban setenta años para que naciera yo, sino que también se produjo la que probablemente sea la anotación mas famosa de un diario. Lo escribía Kafka y, sin saberlo, estaba dando una de las lecciones mas importantes de la humanidad.
Y es que el mundo es un lugar complejo e inabarcable. Bien lo sabemos los que nos gusta el fútbol, esos seres moralmente inferiores que nos alegramos o nos amargamos por el resultado que se da después de que unos cuantos millonarios en pantalón corto libren sus batallas durante unas dos horas y no nos preocupamos por lo que de verdad importa.
Imagino a todos aquellos que me miran con su superioridad, buscando cada domingo por la tarde la cura del cáncer o acabar con el hambre en el mundo, mientras yo sufro por mi equipo.
Por suerte, vivimos en sociedad y la gente como yo, podemos apoyarnos en esos seres de luz que compensan nuestras miserias y tanto hacen por nosotros.
Gracias.
Supongo que para algunos solo son lícitas las alegrías profundas, consistentes e importantes. Creo que tienen razón, aunque a veces veo aquellos que solo aceptan las alegrías que les aportan los suyos y me planteo si no habrá ahí más egoísmo, mas utilitarismo del que denuncian, que en alegrarte por un gol que es cierto, lo único que cambia es el ánimo.
Quizá esto último sea lo más puro y lo que más te conecta con la niñez. No conozco alegría mas atávica.
Quizá ese punto de volver a la infancia, de disfrutar por lo inútil con ese punto de irresponsabilidad sea todo aquello que nos protege de nosotros mismos.
Hay semanas en las que te asomas ahí fuera y lo que ves es que parece que los villanos van ganando la batalla. Y yo sigo saliendo a correr casi cada día.
Renuncié a ser mejor que tu, reivindiqué seguir viviendo mientras pueda.

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