6 may 2026

MIS DUDAS SIGUEN DE PIE

Lo importante en la vida es vender tu película, aunque nadie te la quiera comprar. Pero la sensación de volver a casa pensando que todo lo que creías cuando saliste era verdad, es tremenda. Sentirse listo. Aunque todos hayan vuelto reafirmados en sus ideas después de haber participado en un intercambio de monólogos.

Veía hace unos días un reportaje de Simeone, hinchado de orgullo, contando que había escuchado a Guardiola explicar que movió a Messi de la banda al centro porque eso ayudaba al equipo a organizarse mejor en defensa. El cambio que convirtió a aquel Barça en una máquina de ganar y hacer goles había surgido de una necesidad defensiva. 

Eso, según él, le daba la razón: por mucho que se le critique por ser un entrenador defensivo, hasta uno de los considerados mejores entrenadores ofensivos del mundo, priorizaba la organización en defensa.

Cuéntame otra, Cholo ¿tú sabes algo sobre qué va esto? ¿Te crees tus mentiras o pretendes que nos las creamos los demás? ¿O es que solo te importa tener razón?
Solo te la compro si me cuentas una decisión defensiva que te haya ayudado en ataque. Pero como no seguí viéndolo ya no me enteré si esa la tienes.


Ya no vi más, porque esta anécdota me recordó a algo que me ocurre a menudo. Y es que, por lo visto, doy imagen de ser una persona activa y trabajadora. Entre mi trabajo, el blog, el libro (que sigue disponible aquí), las carreras, entrenamientos y demás, da la sensación que me gusta estar siempre activo. No es exactamente así. 
Si me preguntas, no hay comparable al de perder el tiempo con la conciencia tranquila. Llenar el tiempo con la nada es un placer que no se puede comparar a ningún otro.

El problema es que mi educación cristiana, sumada al sistema capitalista en el que me ha tocado vivir me han generado una conciencia y una culpa que no se callan fácilmente.
Así que si intento dejar pasar el tiempo con algún asunto pendiente, la cosa se complica y aparece un nudo en la boca del estómago capaz de anular ese enorme placer.

Así que no me queda más remedio que llenar el tiempo de obligaciones, hacer todo lo posible por cumplirlas y, tener la suerte de que aparezca ese pequeño hueco para llenarlo de vacío absoluto y poder convertirme en un ser inútil e improductivo.

Sí, Cholo: yo también ataco para no tener que defender.

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