31 may 2026

CON EL PLATO PEQUEÑO

He acabado de escribir el texto que vas a leer si tienes un rato sin nada mejor que hacer y he visto algo que me perturba: me he convertido en esa persona de mas de 40 años que no tiene suficiente con comprarse una bici, además le salen leccioncitas de mierda sobre la vida.

Esa clase de persona que conviene evitar: no tengo ni idea de cubiertas, desarrollos o bidones, pero tengo los bemoles para ponerme a ofrecer una reflexión trascendental sobre la vida y el esfuerzo. El gobierno debería multarme y acabar con esto.

Perdón por la tontería y gracias por leer.


Todas estas ideas empezaron porque iba subiendo una pequeña cuesta y, por mucho empeño que ponía, no sentía que avanzara, sin embargo, unos kilómetros después, sin esfuerzo, la bici iba lanzada y claro, pensaba en lo injusto y paradójico de la situación: cuando mas me esforzaba, mas lento iba, pero cuando no hacía nada, era cuando más rápido iba, tanto que alcanzaba velocidades que en otro terreno por mucho que lo intentara no sería capaz de alcanzar.

Mi cabeza ahí, no se puede callar y me está subrayando lo irónico de la situación.

Yo me defiendo de estos pensamientos recordándome que aunque es verdad que para poder disfrutar de un descenso así, antes hay que pasar por esas subidas de plato pequeño, dientes apretados y esa frustrante sensación de que las piernas no van justo cuando las estás exprimiendo al máximo.

No siempre se puede avanzar rápido. A veces llegas a creer que ese puerto no va a terminar nunca, que la cuesta es infinita. Pero todo acaba. Y después puedes disfrutar del descenso, sin perder la concentración para no romperte la cabeza, pero sí, el camino también regala descensos cómodos y largos. Aunque pasen rápido.

Y sí, los descensos tampoco duran para siempre. Por muy agradables y felices que parezcan, acabaríamos bajo tierra si no llegara el llano. Hay que aprovechar esos momentos para valorar, disfrutar y recuperar pulsaciones, no ceder a la tentación de pensar que está todo hecho y prepararse para la siguiente subida. Porque siempre hay una subida más.

Supongo que de eso va también esto: de aceptar que habrá momentos para apretar los dientes y aguantar, y otros de dejarse llevar, de ir cambiando de piñón cuando sea necesario adaptándose al terreno por el que ruedas. Y llegar al final cansado y satisfecho por el camino recorrido, sabiendo que lo importante ocurre cuando bajas de la bici.

Pero no hay nada más importante que dedicarle esfuerzo a lo que no es importante.

20 may 2026

TEORÍA DEL AUTOENGAÑO

Hace años se hizo viral el discurso de un teniente, general o lo que sea del ejército de los Estados Unidos. En una ceremonia de graduación les explicaba a la futura élite del país que todas las mañanas se hagan la cama. Un hábito sencillo para empezar el día con inercia positiva: ya tienes algo bien hecho.

Yo, que me hago la cama cada mañana, pero no soy americano, utilizo este hábito para empatar. Me suele costar 10 minutos desde que me suena el despertador hasta que consigo levantarme, así que hacer la cama es mi manera de equilibrar el primer autoengaño del día.

Con los siguientes autoengaños ya me voy apañando.

Luego hay mañanas en que se me escurre un rato entre redes sociales y memes entretenidísimos con los que me distraigo, así que, supongo que algunas mañanas cuando salgo de casa el efecto de hacerse la cama se ha difuminado y voy ya perdiendo 2-1. 

Quizá si hubiera nacido en Wisconsin o Texas me levantaría de un salto.

Supongo que esta obsesión por ganar cada mañana es algo que no va conmigo. A estas alturas de mi vida ya sé que no formaré parte del grupo de personas que parecen destinadas a dominar el mundo; aquellas que circulan en trenes que solo se detienen en estaciones que son mejoras, éxitos y checks


Sé de sobra que nunca es buen momento para encajar un gol o perder un partido, cada derrota duele como el aire frío en los pulmones, pero a veces, el día que menos lo esperabas, consigues un empate que sabe mejor que algunas victorias pírricas.

Suman menos. Pero a veces duran más.

Los fracasos tienen un poder oculto: enseñan quiénes son los que se van, aquellos que, cuando el cielo empieza a cubrirse, corren a resguardarse sin mirar atrás y quiénes se quedan a tu lado.

Y, en ocasiones, no hay sensación mas agradable que una remontada de última hora cuando todo parecía perdido.

6 may 2026

MIS DUDAS SIGUEN DE PIE

Lo importante en la vida es vender tu película, aunque nadie te la quiera comprar. Pero la sensación de volver a casa pensando que todo lo que creías cuando saliste era verdad, es tremenda. Sentirse listo. Aunque todos hayan vuelto reafirmados en sus ideas después de haber participado en un intercambio de monólogos.

Veía hace unos días un reportaje de Simeone, hinchado de orgullo, contando que había escuchado a Guardiola explicar que movió a Messi de la banda al centro porque eso ayudaba al equipo a organizarse mejor en defensa. El cambio que convirtió a aquel Barça en una máquina de ganar y hacer goles había surgido de una necesidad defensiva. 

Eso, según él, le daba la razón: por mucho que se le critique por ser un entrenador defensivo, hasta uno de los considerados mejores entrenadores ofensivos del mundo, priorizaba la organización en defensa.

Cuéntame otra, Cholo ¿tú sabes algo sobre qué va esto? ¿Te crees tus mentiras o pretendes que nos las creamos los demás? ¿O es que solo te importa tener razón?
Solo te la compro si me cuentas una decisión defensiva que te haya ayudado en ataque. Pero como no seguí viéndolo ya no me enteré si esa la tienes.


Ya no vi más, porque esta anécdota me recordó a algo que me ocurre a menudo. Y es que, por lo visto, doy imagen de ser una persona activa y trabajadora. Entre mi trabajo, el blog, el libro (que sigue disponible aquí), las carreras, entrenamientos y demás, da la sensación que me gusta estar siempre activo. No es exactamente así. 
Si me preguntas, no hay comparable al de perder el tiempo con la conciencia tranquila. Llenar el tiempo con la nada es un placer que no se puede comparar a ningún otro.

El problema es que mi educación cristiana, sumada al sistema capitalista en el que me ha tocado vivir me han generado una conciencia y una culpa que no se callan fácilmente.
Así que si intento dejar pasar el tiempo con algún asunto pendiente, la cosa se complica y aparece un nudo en la boca del estómago capaz de anular ese enorme placer.

Así que no me queda más remedio que llenar el tiempo de obligaciones, hacer todo lo posible por cumplirlas y, tener la suerte de que aparezca ese pequeño hueco para llenarlo de vacío absoluto y poder convertirme en un ser inútil e improductivo.

Sí, Cholo: yo también ataco para no tener que defender.