5 jun 2026

JUGADA PROMETEDORA

Cuando vivía en Escocia en una clase de inglés nos preguntaron cuál era nuestro sitio favorito del lugar del que veníamos. Tras pensarlo un poco, porque lo de pensar no se me da bien, y lo de traducir aun menos, lo tuve claro: El Ciutat. Quizá no sea el lugar más bonito del mundo, pero es MI sitio, NUESTRO sitio.

No puedo decir que sintiera comprensión del resto de la clase, más bien al contrario: desconcierto y un punto de desprecio.

Pero desde mi magnanimidad pensé: “Padre, perdónales porque no saben lo que se pierden”. El Ciutat y lo que vivimos ahí es un regalo reservado a unos pocos privilegiados.

El caso es que hace unas semanas allí estaba, transitando todas las emociones extremas que un hombre de mediana edad con las necesidades básicas cubiertas puede experimentar cuando de repente, un centrocampista intercepta un pase, levanta la cabeza y ve al delantero desmarcado. Rápidamente le envía un pase largo al espacio. El portero corre para cortarlo pero se da cuenta que ha medido mal y no tiene más remedio que cortar  ver que ha medido mal, decide cortar la jugada con una falta. Tarjeta roja. 

Mientras la grada enloquecía, alguien explicaba que esa expulsión era por cortar una “jugada prometedora”.

En ocasiones el fútbol es una maravilla, tiene detalles que echo de menos en la vida. Ojalá alguien encargado de expulsar de tu vida a todo aquel que se atreva a cortar una jugada prometedora. 

Ojalá poder reiniciar el juego con un balón parado y una jugada organizada después de una injusticia. 

Ojalá poder hacer una falta cuando te equivocas en un movimiento y, aunque con un jugador menos, poder afrontar el resto del día, de la semana o del mes, con la defensa organizada y un plan de juego.

Pero no funciona así.

En la vida también hay faltas y jugadas prometedoras que se cortan de manera ilegal. Pero no hay ni árbitros ni VAR que vengan a repartir justicia. Simplemente tienes que seguir o quedarte lamentando el error y la injusticia.

Me gusta pensar, imaginar e incluso soñar que a veces en esa imperfección reside al éxito de muchas cosas. Los éxitos de los que más orgulloso estoy en mi vida surgen de los fracasos más duros y humillantes. Sin esas lluvias, no hubiesen surgido estos frutos.

Y aún así me paso la vida intentado evitar las tormentas.

Mi equipo está en primera, ha conseguido el objetivo que nos ha hecho felices gracias a un gol que fue un centro que salió tan mal que acabó directamente dentro de la portería con una parábola imposible. 

Llevo casi un mes dándole vueltas a esa idea.

Si ese futbolista hubiese sido mejor, con un pie más fino, ese centro hubiese salido tan perfecto que cualquier defensa alto y bien colocado lo hubiese despejado sin dificultad y nada de lo que se vivió después de aquel gol hubiese surgido.

Ni la explosión, ni los abrazos, ni la alegría del éxito que aun dura.

La vida se mueve por sendas caóticas e inesperadas. A veces las promesas se quedan en nada, y son los errores los que dan pie al éxito.