1 jul 2022

NOSTALGIA, PASADO Y FUTURO

A veces, sin ser yo de los que miran demasiado hacia atrás, ocurren conversaciones que traen anécdotas sobre alguna relación pasada. La contextualizas con un "mi ex, la que..." y añades una característica concreta, reconocible que bien puede ser dónde nos conocimos; aquello que todos sabemos que ocurrió; su trabajo; algún hobby o incluso puede que hasta de dónde era ella.

Es curioso pensar cómo recordamos a algunas personas una vez pasado el tiempo. Casi me atrevo a decir que ni elijo cómo las describo, son ellas las que dejan una huella determinada y no otra. 

Y claro, no puedo evitar pensar cómo se me recuerda a mi, ¿Qué recuerdo dejé? Si no pudiera interpretarse como un hecho delictivo, llamaría para preguntarlo. Pero por lo que sea no parece buena idea. Excepto que prefiriese sustituir ese recuerdo por algo así como "ese tarado que me llamó para preguntarme una chorrada. Tuve que bloquearlo".

Visto así, igual no es tan mala idea.

Hubo una temporada antes de mi última mudanza en que todos los días camino del trabajo, el semáforo se ponía en rojo justo cuando paraba en la puerta de la cafetería donde desayunamos por última vez. Cada mañana miraba y pasaba por mi cabeza aquél café. 

Cuando hacemos algo por última vez no sueles saber que no habrá otra. Así que cuando ya sabes que lo fue, las palabras y los silencios de ese día adquieren nuevas perspectivas.

De repente la cafetería tuvo también su último día y ya no abrió más. Después de unas semanas de obras y reformas, abrieron un eSportsBar. Supe que ahí había una metáfora pero no llegué a entenderla: cerró pronto. 

Poco después abrieron otro comercio, es posible que una carnicería y ya no había nada que entender: de aquello en poco tiempo no iban a quedar ni los recuerdos. Así que mucho mejor no aferrarse demasiado al pasado, el mundo seguirá avanzando y es muy probable que acabes por no entender el mundo. De ahí a pensar que el mundo no tiene sentido hay un paso.

Y como a todos nos pasa, cuando me atrapa la nostalgia, me justifico explicando que es algo muy propio de mi especie. Solo hay que mirar alrededor para darse cuenta que nos aferramos a muchas tradiciones, rutinas, actitudes incluso cuando ya no tienen ningún sentido.

Lo pienso mucho cada vez que voy al baño y me imagino a las generaciones futuras buscando en Google de dónde viene la expresión "tirar de la cadena" cuando de toda la vida se aprieta un botón.

¿O recuerdas cuándo fue la última vez que "tiraste de una cadena"?

26 jun 2022

¿QUÉ HARÍAMOS SIN ÉL?

Esta semana hice la renta. No soy yo de ir con prisas para los asuntos del dinero y creo que cada vez que iba a hacerla había un partido que tenía que ver. Estoy contento porque ha salido a devolver y he aprovechado para sacarme el abono de mi equipo y aun me ha sobrado algo para comprar quizá alguna camiseta, e incluso es posible, alguna otra cosa más relacionada con el deporte rey.

Estoy intentando calcular cuánto dinero tendría si no me gustara el fútbol. Igual no tendría que vivir de alquiler. Pero no es solo dinero, igual sería un padre responsable, con amigos muy centrados; es posible que ya tuviera algunos libros escritos o no me extrañaría que fuese un importante catedrático de Universidad.

Pero ahí sigo regalándole todo. Y lo que es peor, justificándolo.

El domingo pasado estaba comiendo con unos amigos y me decían preocupados que van viendo como cada vez hay más conocidos están mal, la preocupación que tenemos todos viendo como la gente se rompe y tienen que acudir a algún profesional porque todo se hace imposible de llevar. Que está muy bien la ayuda psicológica, no seré yo quien diga lo contrario, de lo que hablábamos es el malestar que produce ver a tanta gente rota.

Yo les explicaba que siendo esto cierto, yo había encontrado un nexo común en la mayoría de las personas que pasan por esto: no les gusta el fútbol. 

El siempre tan denostado deporte del balón, de los 11 contra 11 en pantalón corto detrás de una pelota será para tontos, pero poco se valora que, cuando tu mayor problema es el fútbol y sus dramas, es que todo va muy bien.

Reto a encontrar un termómetro vital mejor que este: que tu estado de ánimo dependa de lo que pasa durante 90 minutos en algún momento del fin de semana. No existe para el pueblo llano.


El verano pasado había quedado con mi sobrino para ver juntos la semifinal de la Eurocopa España-Italia. La mañana del partido me mandó un WhatsApp mi hermana para decirme que buscara otro plan, que se había portado mal y en consecuencia, no iba a ver el partido.

Hablé muy seriamente con mi hermana y le expliqué que yo estuve castigado el 13 de junio de 1998, no tengo ni la más mínima idea de por qué, pero 24 años después todavía recuerdo que no pude ver el España-Nigeria de Francia 98. Así que me vi obligado a explicarle que, por supuesto tendría motivos más que justificados para esa decisión, Dios me libre de meterme en la educación que le dan unos padres a sus hijos, pero aun así, humildemente me permitía sugerir que se replanteara bien si merecía la pena que esa losa pesara sobre ella durante más de dos décadas, como sin duda mi sobrino recordará, y generarle traumas similares a los que llevo arrastrando yo desde que soy niño.

Me contestó que le daba igual, que asumía el riesgo.

Alguien en la FIFA tendrá que asumir el castigo al que estamos sometidos millones de personas en todo el mundo este verano privados del placer de estar ahora mismo en calzoncillos pasando este insoportable calor delante de un México-Polonia.


En ese autogol de Zubi había un mensaje vital. Pero no supe leerlo.

21 jun 2022

UN RELOJ Y LA ILUSIÓN

Yo tuve una infancia entre feliz y muy feliz. Es algo que cuando vas cumpliendo años vas valorando como se debe y ya no piensas que es algo tan normal como creías. Si fui feliz es gracias a Dios y a la mayoría de gente de la que estuve rodeado entonces, algunos siguen ahí, otros no. La vida misma.

Se podría pensar que ahora que ya soy yo el que toma muchas decisiones y, por tanto, tengo más responsabilidad en lo que ocurre, las cosas ya no pintan tan bien. Se podría, pero no lo voy a hacer.

A menudo busco en qué momento se empezó a fastidiar todo esto; cuándo la balanza empezó a decantarse hacia el otro lado. Es difícil.

Aunque no sepa cuándo ocurrió, sí sé cuándo lo vi: cuando supe que, aunque nada hubiera cambiado, todo era diferente: fue el día en que eso de "podría ser peor" dejó de ser un alivio y pasó a ser una amenaza. La grieta no se podía cubrir.

Supongo que fue poco después de otro cambio aparentemente insignificante, una trampa envuelta en papel de regalo: cambiar el desayuno, pasar de la leche con galletas al café con leche. 

En ese momento empezó un camino sin vuelta atrás, como esas bridas que una vez han pasado el primer eslabón, nunca permiten que aflojes.

Y de esto nadie te avisa.


Hace unas semanas le prometí a mi hermano que en Julio le iba a hacer un regalo, colmaríamos una ilusión que tiene hace tiempo: un reloj.

Desde que lo hablamos todos los días dedica mucho tiempo a pensar en ello; a ilusionarse con cómo será tener ese reloj, se le ilumina su vida entera cada vez que lo piensa. Es todo alegría. Cada vez que pasamos por una tienda con un reloj en el escaparate paramos un rato a verlos, elegir uno, visualizarlo, decidir si es ese modelo, el color, o quizá otro mejor. Y así está, pasando los días, todas las noches coge un calendario para contar cuántos días faltan para el día prometido. 

Todo ilusión. 

Lo que él no se puede imaginar, es algo que yo ya sé: no van a pasar ni 2 semanas antes de que se canse y lo olvide en un cajón. 

Yo, que muy listo no soy, he perdido mucho tiempo explicándole que eso está mal; que las cosas son para disfrutarlas cuando uno las tiene y que no podemos pasarnos la vida deseando lo que no se tiene, para en cuanto lo tenemos, buscar otro entretenimiento, que la vida no funciona así.

Pero en realidad, no lo tengo tan claro, ¿Cómo que no funciona así? Por suerte, hace unos días caí en mi error, no solo no tenía nada que enseñar, sino la lección me la estaba dando él a mi: uno se ilusiona y punto. El resto no importa.

Nunca soy tan feliz en un campo de fútbol como antes de que empiece la primera jornada de liga, cuando los fichajes son potencialmente buenos, cuando me puedo imaginar que ese zurdito mediapunta que se han traído es mejor que Oliver Atom, antes de que toque el primer balón y mande el pase a la grada.

¿No son acaso los últimos 5 minutos del viernes en el trabajo el mejor momento de todo el fin de semana?

Quizá aquello que se rompió fue precisamente eso: la capacidad de ilusionarse sin miedo. De volar lo más alto posible sin tenerle miedo al sol.

Así que ya nunca más le pondré cadenas a la ilusión. Prometido.

23 may 2022

TIRO AL POSTE

Hace unas semanas estaba viendo un partido de fútbol sala. Era un partido importante, la semifinal de la Champions. Pese a ser un partido igualado en el juego, uno de los equipos iba perdiendo 2-0 mediado el primer tiempo y en un partido así, nadie baja los brazos.

Faltado poco tiempo para el descanso, el equipo que iba por debajo en el marcador inicia un ataque rápido, buenos movimientos de los jugadores, desplazan el balón a la banda derecha donde uno de ellos se va de su defensor y con una precisa pared se planta al borde del área, regatea al portero y pasa la pelota hacia el centro, donde recibe un compañero desmarcado que controla, mira la portería donde hay un defensa rival desesperado intentando proteger el espacio y tras un buen control dispara con fuerza.

El balón golpea en el poste y sale rebotado con fuerza hacia el centro del campo donde dos de los rivales que habían sido superados, inician el contraataque en clara superioridad, y tras una jugada algo liada con un rebote incluido marcan gol: 3-0.

En esa jugada, en ese tiro al poste está explicada la mitad de mi vida. O más.

Pasé el resto del partido dándole vueltas a la idea de si perder ese partido jugando así y teniendo esa suerte era fracasar o simplemente la sensación de fracaso era solo eso, una sensación. Y más viendo que el que tienes enfrente sí que lo consigue, que eso ahonda en la mala sensación.

Porque las sensaciones no lo son todo.

Hace unos meses conseguí uno de los mayores éxitos de mi vida deportiva. Fue tan poco, que se me hace raro usar la palabra éxito pero para mi fue el mundo entero.

Todavía hoy, cuando recuerdo ese día revivo aquella felicidad cruzando la meta en 2 horas y 58 minutos. Detrás de aquello había mucho esfuerzo, entrenamientos y kilómetros después de meses muy difíciles. Pero por un sueño, merecía la pena.

Después han venido meses difíciles sigo sin saber porqué no he podido ni acercarme a entrenar a esos ritmos. Molestias, problemas de todo tipo, pequeñas lesiones que me han impedido encontrarme nunca bien. Algunos días, ni 15 minutos sin parar he sido capaz de hacer. Ahora que empiezo a encontrarme mejor, sigo sin saber porqué me ha pasado.

Ha sido duro, más por no saber qué era lo que pasaba que por no poder hacerlo. Pero "como no hay mal que cien años dure", ahora estoy satisfecho por no haber dejado de intentarlo aun sabiendo que no iba a poder rendir, zapatillas y a pelear kilómetros; eso sí, siempre con la mínima esperanza de "y si hoy sí" pero solo conseguía chocar contra una realidad más fuerte que yo.

Cuentan que la evolución natural del corredor es empezar a correr para adelgazar y acabar adelgazando para correr. Y es cierto. Yo he añadido una tercera etapa: corro para escribir y escribo para seguir corriendo.

"Encontrarte con el éxito y el fracaso y a estos 2 impostores tratarlos de igual manera", decía Kavafis en como una de las claves para conseguir ser un hombre en su mítico poema. 


Me he dado cuenta que algo así es eso a lo que llaman madurar: perseverar sin tener en cuenta las circunstancias, no dejarse llevar por las malas sensaciones cuando en la cabeza solo aparecen excusas para abandonar.

Quizá madurar tenga que ver con eso; es posible que en realidad esté relacionado con abandonar los hobbies que añaden preocupaciones poco importantes en la vida y centrarse de verdad en las cosas importantes; o igual tenga que ver con tener las ideas claras y no estar dudando en cada línea.

En todo caso, seguro que no tiene que ver con superar las crisis para poder escribir de ellas con tranquilidad. Aunque siga sorprendiendo dónde aparece la motivación para continuar.

Mientras le daba vueltas a todo esto, el partido acabó 4-5. Con prórroga.

17 may 2022

NI NACE CON LAS VICTORIAS, NI MUERE CON LOS DESCENSOS

Hay una escena en Notting Hill en la que uno de los personajes organiza una cena en su casa con algunos amigos, uno de ellos va acompañado de una famosa actriz de Hollywood con la que ha empezado a salir. Allí, cuando están tomando el postre llega un momento en que se dan cuenta que solo queda un trozo de brownie, así que para decidir quién se lo come se les ocurre un divertido y macabro juego: el que convenza a los demás de que su vida es la más triste, gana.

Empieza entonces una triste, divertida y patética competición por demostrar quién es más desgraciado: el infeliz en su trabajo, la chica soltera que se siente fea y triste, la amiga en silla de ruedas que además no puede tener hijos o el divorciado que abandonó sus sueños profesionales si es que estos no le abandonaron a él antes. Pero el punto culminante es cuando la maravillosa Julia Roberts pide su oportunidad para sorpresa de todos: una desdichada vida de rica, permanentemente a dieta, expuesta siempre al escrutinio del público y con la sensación de que muy pronto vas a dejar de tener una buena consideración profesional. Entre otras cosas.

Todo muy triste. “Casi lo consigues pero no”, le dicen.

 

Ser del Levante en València es un poco como vivir en esa cena: las alegrías son siempre menos habituales que las penas, aunque quizá por ello se disfrutan más. Quieres creer que van a durar pero sabes que no caben muchas en el “yunque de la adversidad”. Esos momentos que tanto te alegran el corazón; son para otros pequeñitas, sin valor. Pero bien que las disfrutamos.

Las penas, las derrotas se parecen a las de muchos otros aunque cada uno las vivimos como especiales y eso hace que las podamos compartir juntos en familia, en una patética cena en la que nos reímos de nosotros mismos con el corazón ardiendo de dolor.

Sin dramas, sin excesos, con conciencia de quiénes somos y con el orgullo de haberlo vivido juntos, con nuestras muchas sombras y pocas luces. Pero con la certeza y el honor de estar en el lado bueno.

El sentimiento ni nace con las victorias, ni muere con los descensos.

Aunque en esta ciudad no tengamos derecho al último trozo de brownie.

8 may 2022

NUNCA CHOVEU QUE NON ESCAMPARA

Esta semana ha llovido tanto que hubo una noche que cuando la lluvia me despertó no tuve más remedio que comprobar que seguía viviendo en Valencia, que de alguna rocambolesca manera no había vuelto a Inverness sin darme cuenta.

Que lo dudara no sé si es fruto de la cantidad de situaciones inesperadas por las que he pasado últimamente o porque definitivamente algo aquí dentro está haciendo clic sin remedio.

El caso es que seguía en Valencia. Y Valencia en España.

El día siguiente esto seguía siendo Escocia. 

Esa tarde, volvía hacia casa cargando más peso que otras veces; llevaba tristeza, responsabilidad,  cansancio y algunas bolsas en una mano, en la otra un paraguas. Llegó el momento en que ya no pesaba demasiado, ya ni me mojaba, en definitiva: todo parecía controlado, incluso rocé la ilusión a algo parecido a la ilusión: un podcast entretenido en los oídos; las promesas de una buena ducha, una cena tranquila y un libro interesante iban ganando espacio en mi cabeza.

Tras un día intenso llegaba la recompensa. 


Miré hacia arriba pensando que el cielo no mostraba ningún interés en dar una tregua y en ese momento: ¡Chof! Una baldosa suelta, pantalón sucio hasta la rodilla, zapatillas empapadas y la temperatura corporal unos 10º menos en segundos.

Maravilloso.

Saqué como pude las llaves al llegar al portal y entré en casa más sucio, frío y derrotado que ayer, otra vez por elementos más grandes que yo y también, es justo reconocerlo, porque muy listo no soy.

En la vida, nos empeñamos en buscar las respuestas cuando muchas veces que lo que no nos damos cuenta es lo importante que es encontrar las preguntas correctas. El resto suele llegar de forma más sencilla.

Tanto mirar hacia arriba y se me olvida que por muy alto que quiera llegar, empiezas y acabas con los pies en el suelo.

3 may 2022

BANQUILLAZO

Cuando era niño y me preguntaban qué quería ser de mayor, lo confesara o no, siempre pensaba que el mejor trabajo del mundo era el de tercer portero de un equipo de primera división: a poco que te paguen da para vivir bien, te dedicas a hacer deporte todos los días, tampoco hay que madrugar demasiado, estás en forma y, además, muy mal se tiene que dar para no ya para jugar o liarla, sino para ir convocado: fines de semana libres.

Quizá no es algo que pensara solo de niño. 

Aunque entiendo que hay quien tiene otras aspiraciones en la vida y siente la frustración de estar en el banquillo.

Comprendo a aquél que llega a un club nuevo con todo lo que implica: adaptarse a otra ciudad, a veces hasta un país distinto con las maletas llenas de ilusiones y ganas de jugar; hacer bien las cosas y saber hasta dónde eres capaz de dar. 

Y pasa que no siempre las oportunidades se dan. Muchas veces uno sabe que no el problema no es que no trabajes o lo quieras lo suficiente, porque a veces lo quieres demasiado. Pero hay cosas que no dependen de ti. Nadie te puede asegurar que nada vaya a cambiar.

Pero tienes que seguir porque si bajas los brazos sí hay algo que tienes asegurado.

Otras veces tienes oportunidades en circunstancias adversas, e incluso pasa que tuviste una oportunidad y las cosas no salieron como pensabas. Y cuesta volver a encontrar otra.

Hay otros que llevan años en el club, lo conocen bien. Han dado su esfuerzo, compromiso y, conocen bien sus limitaciones dando buen rendimiento hasta que el club decide traer a otro que no siempre está más capacitado, pero todos sabemos lo que gusta la novedad. A mí me pasa con los libros: los que me apetece leer son los que están en librerías y no en casa.

Será justo o no, pero es una realidad ante la que poco se puede hacer.

Hay algunos también que tuvieron la oportunidad de irse a otro sitio, y al plantear la posibilidad se les dijo que no, que lo necesitaban en el equipo este año. Después de algunos meses en los que no entiende muy bien para qué lo necesitaban, la situación no es lo que se esperaba.


Cuando vivo estas situaciones en las que las cosas no salen, (que pasa más de lo que debería), siempre pienso que lo peor no es la frustración del fracaso. Eso es algo que se puede llevar. Lo jodido es que siempre aparece alguien que saca la bandera del discursito, el inconfundible capitán a posteriori. 

Cuando hacen falta soluciones realistas a tiempo, no se le ve. Debe estar ocupado dando lecciones a otros que no las necesitan.

Porque a estas altura nos las hemos visto de todos los colores.