26 ene 2025

TODO VA A SALIR BIEN

Veo más fútbol del que un cerebro sano puede tolerar y claro, esto tiene consecuencias. Acercarte a la Segunda División española es coquetear con la locura. Sumergirte en ella es como vivir en una relación tóxica: me está destrozando, cada lunes me prometo cambiar pero ya sé que no tengo fuerzas para salir. Al final, ya me planteo que quizá, en junio lo deje.

Joderse la vida es más divertido.

Entre todas esas horas que me consumen de partidos, artículos, podcasts y análisis de los partidos, se suele recurrir a algunas ideas que funcionan como trampantojos. En el fondo, buscamos la sensación de control en el caos, intentamos domesticar a un león. En las previas de los partidos siempre hay alguien que subraya la importancia de un buen principio: que el equipo salga concentrado y jugando bien porque encajar un gol pronto no es bueno. Genera nervios y, por supuesto, es mejor no empezar contracorriente.

Va transcurriendo el partido, se acerca el descanso y se destaca la importancia de mantener la concentración porque encajar un gol antes del descanso sería un golpe duro de asimilar. Hasta han inventado el concepto de "gol psicológico". Se trata de evitarlo con la misma urgencia con la que se esquiva el contacto con un virus. Después, cuando empieza la segunda parte, todo se reinicia y todo sigue igual. Importantísimo mantener la guardia alta porque, encajar en este momento lo cubriría todo de incertidumbre y ansiedad. 

Sigue desarrollándose el juego, llegamos al último cuarto de hora, los nervios se suman al cansancio y ahí aparece el comentario: por favor, ahora sí que no, no hay tiempo de reacción. Nunca he escuchado a nadie, en un ataque de originalidad, explicando cuándo es buen momento para encajar un golpe. Quizá sea porque no hay momento bueno para lo malo. No estoy seguro.


Todo este rollo tenía que soltarlo para sacudirme las malas sensaciones. Empezar el año perdiendo no era lo que imaginaba. Las dudas son las inevitables y viejas compañeras de viaje. Pero las remontadas tienen su propia mística. Cada pequeño avance se siente como un éxito, y eso acerca las cosas buenas.

Con las dificultades, que siempre van a estar ahí, confío en que todo va a salir bien. Y aunque hubiese preferido otro comienzo, por lo menos hemos evitado el ridículo callejista de los que cuando pierden te explican que les "perjudicó haber empezado ganando".

Resulta que no solo se trata de saber encajar golpes; también hay que saber gestionar los pequeños éxitos. Y ya ni me prometo cambiar, no fallar. Sé que los errores forman parte del proceso y espero que las consecuencias no sean insalvables.

Hay días que dan ganas de meterse en la cama y dejar que todo pase. Pero, al final, siempre acabo saliendo a jugar. ¿Quién sabe? Quizá haya un plan detrás de todo esto, quizá al final las cosas acaben saliendo bien. O quizá no. Pero solo estar jugando el partido, en ocasiones, me parece hasta un privilegio.

7 dic 2024

UN DESPIDO INJUSTO, UN RECUERDO JUSTO

Hace unas semanas echaron al entrenador del Dépor. Todo lo que le ocurre al Dépor, me ocurre a mi de alguna manera. Estoy unido al club por un lazo invisible, irracional y absurdo que influye en mi estado de ánimo como quizá solo lo hace aquello que no es importante y no se puede explicar. Y, aun así, se entienden. Hablo de eso tan manido que llaman "las razones del corazón".

Pero esta vez fue diferente. Imanol era un tipo tan normal que resultaba raro en el contexto del fútbol profesional. Como si fueses al circo y el presentador apareciera con vaqueros y camiseta.

La cuestión es que esta vez no tenía que ver (mejor dicho, no solo tenía que ver) con el Dépor, había algo en esa noticia que conectaba conmigo: con quién soy y con cómo me construyo.

La historia de Imanol en el Deportivo me recordó a algo que viví hace mucho tiempo. Empezó casi por sorpresa; nadie esperaba el fichaje y aquello fue controvertido. ¿Una moneda al aire tras el enésimo fracaso? ¿Fruto de los delirios de una noche de euforia y excesos o había realmente un plan detrás?

Quizá su inicio no fue el ideal, pero todos tenemos ya algunos cadáveres en el armario, las historias no suelen ser perfectas y, sobre todo, lo importante no es cómo empiezan, si no cómo evolucionan y no somos el Madrid o el Barça. Aquí hemos bajado al barro y bailado con la derrota.

Nadie daba un duro. 

Desde fuera solo se veían crisis y grietas. Los primeros meses todo estuvo a punto de saltar por los aires y marcharse cada uno por su lado. Pero, unas cuantas tantas tormentas y muchas crisis salvadas con el método de ir ganando tiempo, se había conseguido algo clave: la unión. El equipo avanzaba, crecía y se hacía un poco más fuerte en cada partido.

Hubo incluso semanas en los que el juego era espectacular. Llegamos a ganar 0-4 fuera de casa. La rutina trasladaba la sensación de que, por fin, cuando nadie lo esperaba, habíamos dado con la clave. Por una vez, estábamos por encima de la lógica.

Habíamos subido de categoría, todavía no estábamos donde queríamos estar pero nos acercábamos.  Aunque aquello no era perfecto, era nuestro. Además, formábamos un buen equipo.

Y, sin embargo, un día cualquiera, todo saltó por los aires.

Pasas el duelo y llega el tiempo de los porqués. Lamentas y buscas cómo podrías haberlo evitado; noches mirando al techo buscando saber si de verdad esta mala racha justificaba una decisión tan drástica. Te preguntas si no habría una solución intermedia: algunos cambios, mejorar los puntos débiles y subir, por fin, a primera.

Miras a otros equipos y ves que, con muchos más errores, muchas menos condiciones, han llegado más lejos. Te preguntas si de verdad son felices. Te cuestionas si quieres que lo sean y si eso habla mal de ti. Nadie dijo que fuese justo.

Luego te das cuenta que en realidad da igual. La decisión está tomada ya y no tiene vuelta atrás. La vida sigue para todos. El Dépor ya tiene otro entrenador, avanzará hasta donde tiene que llegar y esta historia será recordada con cariño por aquellos que la vivieron.

Imanol también. Supongo que tardará algo mas, pero él también hará su camino. Encontrará otros clubes, otras ciudades donde seguir adelante. Antes o después, ambos se cruzarán en el camino, se saludarán con el recuerdo lejano de aquello que fue y dejó de ser.

Y es una buena historia. 

Es una historia más dentro de las miles de historias que se rompen cada día. Lo único que la hace diferente es que es la nuestra. Y no es poco.


PD: Cuando empecé a escribir esto, el Dépor había echado a Imanol. Lo acabo después de que el Dépor femenino también haya despedido a su entrenadora.

17 nov 2024

DAR UN POCO CUANDO TODO NO ES SUFICIENTE

Voy a empezar por el final: he llorado más veces de las que sería sano reconocer en el fútbol, pero ayer lloré por primera vez antes del partido y no al final. No sé si volverá a pasar.

Solo pude ver la primera parte, pero por una vez, lo importante, lo que merecía la pena vivir, ocurría antes de que empezara a rodar el balón. No después.

No quería escribir sobre esto. Tengo el miedo de rozar lo pornográfico, pero uno tiene sus demonios y esta es mi manera de exorcizarlos.

Y es que vivir a pocos kilómetros de la zona cero y seguir con tu vida ha sido algo rarísimo y, a la vez necesario. Sé que ha sido un sentimiento común, pero algo dentro de mi me obligaba a ir, a echar una mano, a ayudar en lo poco que podía y calmar ese malestar que a todos nos mordía por dentro. Lo que encontré allí los primeros días no quiero olvidarlo nunca: todo el mundo colaborando en lo que podía, sin mirar a quién, solo poniendo lo que cada uno tenía, nada más y nada menos. Sentir el agradecimiento genuino de ver cómo todo el mundo se volcaba con lo importante. 

Dar un poco cuando darlo todo no es suficiente. Y aun así hacerlo.

Ha sido una mierda. Ha sido emocionante.

Nunca me he considerado patriota, no me identifico con el orgullo de haber nacido en un lugar concreto. Pero esos primeros días después del desastre, sentí lo más parecido al orgullo de ser valenciano, de ser español. De compartir miedos, preocupaciones y objetivos con todas esas personas que allí estaban. Supongo que algo que surgía de un lugar profundo, parecido a lo que sentía yo.

Después llegaron las redes, la mediocridad política para cargárselo todo.

Pero dentro de esa miseria, me llevo un recuerdo que no olvidaré. Ojalá no haberlo vivido nunca.

26 oct 2024

GANAR PERDIENDO

La vida es cuestión de actitud, no hace falta vivir grandes cosas para experimentar momentos importantes. A veces, en mitad de la rutina, la vida te explota, las certezas saltan por los aires y acabas más allá de donde imaginabas. En la rutina está encerrado el secreto de lo extraordinario.

Y es por ello que, de vez en cuando, hay que lanzarse a los brazos de lo extraordinario y, por ejemplo, irse de viaje a otro uso horario, donde todo pasa y no cambia nada. Colombia fue para mi, uno de los primeros capítulos de un año que ya está acercándose a su desenlace.

Una tarde de esas en las que te puedes permitir arreglar el mundo porque el tiempo no existe, mi Garmin dimitió, uniéndose a la sensación de que allí el tiempo no existe. Intenté solucionarlo (reiniciarlo y cargarlo) pero no pude hacer nada. A veces, es necesario un ligero inconveniente para darte cuenta que la felicidad está ahí, con voluntad y sin esfuerzo, cuando te das cuenta de que algo cambia, pero todo sigue igual.

Unos días después salí a correr por Cartagena, y por primera vez en años lo hacía sin reloj, sin referencias de tiempo o de distancia. Solo mis piernas, el calor del Caribe y 2 buenos amigos acompañándome. El plan perfecto, ¿verdad?:

Pues no.

Porque, a ver si os habéis creído que soy un hippie que hace deporte por salud, por disfrutar y por no se cuántas cosas maravillosas que aportan integridad, salud y te hacen mejor persona. ¿Acaso soy un libro de autoayuda con piernas?

Qué bonito quedaría ahora contando lo que disfruté la experiencia, que me encontré a mi mismo en ese rodaje y redescubrí lo que era correr sin nada más que importara, y que mis pensamientos eran limpios y perfectos. Pero la realidad es otra. La realidad es que improvisé varias formas de preguntar por el tiempo y el ritmo que llevábamos fingiendo que no me importara demasiado. Y claro, lo primero que hice al llegar al hotel, después del pertinente baño en la piscina, fue sincronizar mi Strava con el suyo. 

Ahí, y solo ahí al ver la actividad registrada, fue cuando me quedé tranquilo del todo.

Dedicar parte de mi tiempo a entrenar, a preparar retos, sean grandes o pequeños me da y me quita vida, pero supongo que parte de la vida consiste en ir perdiéndola mientras tanto. Igual que la luz, que cuando es demasiado intensa te ciega; allí donde solo importa conservar la vida, suele ser donde menos vida hay.

9 oct 2024

UNA VIDA INTERESANTE

A veces pienso que me gustaría tener hijos para poder camuflar mi egoísmo con una excusa digna, una coartada válida, que me ahorre perderme buceando en subterfugios y excusas interminables como atajos imposibles. Una razón noble; una verdad buena en la que envolver mi egoísmo y miserias con una capa de bondad y nobleza con el que salir bien en las fotos.

Porque soy esa persona que cada fin de semana se retuerce en su butaca incapaz de controlar tan siquiera el movimiento agitado de mi pierna. En esos momentos, prefiero un gol de mi equipo a la paz mundial, hay más alivio en que una pelota atraviese la línea custodiada por tres postes que en imaginar un mundo sin balas. Y entiendo lo que esto dice de mí. 

Sin embargo, con un hijo podría disfrazar mi histeria de preocupación y bondad. Supongo que ayudaría, aunque fuese solo a algunas cosas.

A otras no.

Una vez escuché a Gasol explicar que aunque haya ganado 2 anillos de la NBA, un campeonato del mundo, varios europeos y muchos más éxitos individuales y colectivos, todavía sigue habiendo algunas derrotas que le persiguen y le duelen con más intensidad de la que disfrutó sus victorias.

Salvando las evidentes distancias, porque no voy a estar nunca a la altura de Pau, me reconozco en esa frase. Cómo duelen algunas derrotas; pequeños y grandes fracasos se han transformado en fantasmas que se presentan sin llamar, y escuecen como el vinagre en una herida abierta. Esas heridas que, por mucho tiempo que pase y ya cicatrizadas, siguen evolucionando y cada vez duelen de forma distinta, desconocida pero reconocible.

¿Qué se puede hacer?  Yo solo sé hacer una cosa: Tomar aire, respirar, y recordarme que con todo "está siendo una vida interesante". Ojalá este olor a fracaso, derrota y lodo, se conviertan algún día en las flores más altas; y estas heridas se conviertan en esa cicatriz que poder lucir con el orgullo irracional que te da la diferencia.

24 jul 2024

GLORIAN ESTEFAN, LEO MESSI Y ALGO MÁS

Hace unos meses hubo una reforma en el edificio donde viven mis padres y cambiaron el ascensor. La obra, por supuesto, se alargó más de lo previsto, el ascensor funciona peor que antes, aunque eso sí, ahora habla. Cuando se pone en marcha te avisa: "ascensor cerrando puertas". Mi cabeza automáticamente cada vez añade: "abriendo heridas". Es toda una experiencia descubrir, décadas después que Gloria Estefan sigue sonando en mi cabeza. Supongo que algo parecido es lo que llamamos éxito en la vida música.

Eso, o que mis neuronas van dando síntomas de decadencia. No lo sé.


Hace unos días se lesionó Messi. El mejor futbolista de la historia con 20 años de carrera y casi 800 partidos jugados, estaba disputando otra final. Quizá uno de los pocos partidos que aun le sigue importando ganar. En una acción más, le pasan la pelota, el control se le va largo y sale corriendo a por ella. Un mal gesto y se lastima el tobillo él solo. Intentó seguir en el partido, pero tiempo después, en una acción cualquiera, ya no pudo más y tuvo que ser sustituido. Las imágenes de Messi con el tobillo hinchado y lágrimas de impotencia, impresionaban.

Bueno, me impresionaban a mi que soy superficial, me importa el fútbol, sigo teniendo a Gloria en mi cabeza (además, mal citada). A ti, que sabes que el fútbol es una tontería, que son solo unos millonarios en pantalón corto corriendo detrás de una pelota, no. Tú eres mejor que yo. 

El caso es que viendo aquello pensaba en el equipo de profesionales que rodea a Messi: médicos, fisios, dietistas. Todos ellos profesionales contrastados con el objetivo de cuidar el físico de un talento especial. 

Y aun así, se rompió.

Vaya, a veces todo no es suficiente. 

Y claro, resulta que tú y yo no tenemos tanto talento ni tanta suerte. Tampoco conocemos el manual de la vida, ni nadie nos ha dado pautas sobre cómo vivir. Hacemos lo que creemos, de la manera que mejor nos sale. Algunos días te esfuerzas y das lo que tienes. Otros, suficiente es solo conseguir pasar otro días más. Y resulta que ocurre que hay veces que no puedes más y no te explicas porqué. Te sientes agotado, triste, sobrepasado y no te lo explicas.

¿Qué ha pasado? ¿Qué he hecho mal? 

¿Y si lo único que pasa es que te rompes y ya está? No hay que buscar muchos motivos. Si no puedes, no puedes. Paras, levantas la mano y vete al banquillo. Descansa, llora si tienes que llorar, te cuidas y luego sigues.

Se rompió Messi, hace tres años en mitad de la competición más importante de su vida, se rompió Simone Bales, se cuidaron y vuelven a su trabajo. En ocasiones nos toca a nosotros parar y rehacernos, porque eso es lo que está bien. Y quién sabe si parar cuando no quieres hacerlo es lo que hace falta para aprender a usar la honda con la que derrotar a Goliat.

El mundo seguirá girando, tú tienes todavía mucho por jugar, y yo tengo curiosidad por saber cómo seguirán evolucionando los ascensores. Siempre nos quedará la consistencia y estabilidad de las escaleras.

3 jun 2024

STALLONE NO JUEGA AL AJEDREZ

Tenía pensado empezar este texto contando que soy una persona tremendamente ocupada, pero he decidido cambiar el inicio por dos razones: la primera es que uno de los consejos básicos para escribir es evitar los adverbios acabados en "mente"; la segunda es que esa frase no aporta mucho. La sensación de no llegar a todo, que la vida te atropella y que la única manera de avanzar es a trompicones creo, que es característica de la época.

En mi caso, cada noche llego a la cama cansado y con la sensación (supongo que irracional, como casi todo) de que algo me he dejado en el camino, algo que no soy capaz de ver, pero que lamentaré y será imprescindible en alguna parte del viaje.

¿Qué haré entonces? Ni idea, pero como ya vivo sin saber qué estoy haciendo, la sensación no será  desconocida. Seguiré disimulando e improvisando. 

El ritmo de vida es tan acelerado, que incluso de vez en cuando cae una siesta (?) no buscada pero tampoco evitada. Un sábado después de una de esas siestas merecedoras de una sala en un museo, me arrastré hasta la cocina para hacerme un buen café.

Allí, con el aroma del café invadiendo el escenario, levanté la mirada mientras reflexionaba sobre algo que leí hace tiempo. El horno, el microondas y la lavadora, me ofrecían una mirada abierta al interior. Sin embargo, si giraba la cabeza, ahí estaba el siniestro y oscuro lavavajillas, ¿Por qué? ¿Qué está ocultando ese electrodoméstico?

Una vida muy interesante y poco valorada.

Esta capacidad de profundizar en el entorno no es mi única virtud desaprovechada.

Ese mismo viernes por la tarde volvía a casa con el sudor corriendo por la frente, las endorfinas volando por mi cerebro y la satisfacción de otro entrenamiento realizado con éxito. En ese momento una pequeña sensación empezaba a crecer dentro de mi: aprovechar la inercia y explotarla esa noche, que uno nunca sabe. Si algo he aprendido en esta vida es que uno a veces lanza los dados y acaba haciendo jaque con una torre y un alfil.

Así que, cuando cogí el teléfono buscando suerte lo primero que encontré, además de algún asunto de trabajo, eran propuestas para hacer deporte: salida en bici y un partido de tenis. Para el mismo día.

Supongo que la sensación debió ser similar a la que experimentan algunos actores con cierto recorrido: no se olvidan de mi, algo se debe estar haciendo bien, PERO tampoco pasaría nada por cambiar de registro de vez en cuando, que puedo rendir en otros papeles. 

Aunque sabes que no depende del todo de ti que los demás te sitúen en un lugar concreto, una pequeña parte ahí dentro se siente responsable de la situación, ya que en algún momento llevaste aquella bandera que ahora quieres aparcar. Aunque sea un rato.

Porque destacar en algo también tiene sus desventajas.

Lamentarse es aceptable, pero engañarse no. Tampoco pasa nada por reconocer que en realidad formas parte del problema. Porque, siendo honesto, tampoco pagaría una entrada para ver a Jason Statham haciendo una película romántica o a Jim Carrey salvando al mundo de una amenaza extraterrestre. 

Que mis amigos no me vean como un imprescindible de la noche debe ser de esas cosas que se catalogan como algo normal.

La casualidad, y un poco la insistencia también, hizo que la noche cogiera impulso. Fuimos a cenar, entre risas, con buen ambiente y las promesas de la noche rondando la mesa. 

En aquella terraza, sobre una larga mesa oí una de esas frases que te hace escuchar. Ella contaba que "ahora no tenía tiempo para entrenar, solo para salir a correr". No me había parecido hasta entonces; pero reconocí ahí mi idioma y en ese momento cambió todo sin que se hubiese movido nada. El resto de conversaciones fueron perdiendo volumen. El mundo fue cayendo a plomo allí mismo, las risas y la conversación se desvió hacia anécdotas de carreras, ritmos, entrenos, sensaciones y zapatillas. 

Desapareció el ruido mientras aparecía la belleza.

Sin pretenderlo porque quizá no se puede huir de uno mismo, acabé haciendo exactamente lo contario de aquello a lo que allí había ido a hacer.

Y es que nadie encaja golpes ni da puñetazos con Stallone, y eso será así siempre.