En ocasiones me sigue sorprendiendo y fascinando, a partes iguales, cómo funciona mi mente.
Puede que vaya andando por la calle, me cruce con alguien cuya cara me recuerda vagamente a alguien que me recuerda a otro alguien y, sin esperarlo, estoy sumido en una vergüenza profunda por algo que pasó en tercero de primaria.
Al rato salgo de ahí y vuelvo al presente sin aparentes daños colaterales pero con la sensación de haber vivido un viaje inútil y olvidable.
Por ello me impactó tanto, y recuerdo con precisión, la vez que escuché aquello de que la memoria es como un perro tonto al que le tiras un palo y te devuelve cualquier cosa.
No es solo algo mío.
Y explica también por qué, de vez en cuando, hay que dedicarle tiempo a lo superficial y a lo prescindible.
No todo puede ser importante y trascendental.
Merecemos, de vez en cuando, acompasar el ritmo a lo fútil.
Supongo que, en el fondo, no hay nada mas real que vivir y lidiar con los pequeños momentos irracionales.
Y es que yo no conozco otra forma de encajar cómo puede ser que haya años enteros que pesan menos que algunos minutos y, también, que una sola semana tiene la capacidad de tatuar en tu memoria lo que unos meses no pueden ni imaginar.
Soluciones vitales que se intuyen en segundos, mientras que para decisiones intrascendentes puedes dudar días enteros.
No conviene menospreciar ninguna, porque la vida lo abarca todo.
En la antigua Grecia, en su pretensión de atraparlo todo, crearon dos maneras distintas de medir el tiempo:
Por un lado hablaban de Chronos, para mencionar el tiempo que pasa. El que se acumula de forma invisible pero constante e incansable mientras transcurre la vida. No pasa nada nunca mientras está cambiando todo.
Por otro, mencionaban a Kairos, que representa el tiempo que hoy llamamos de calidad. Ese que nos gusta a todos vivir. En el que suceden las cosas de manera intermitente y caótica. El que determina el color de la vida.
Uno sin el otro no pueden existir. Se necesitan. La música y la letra.
Creo que tuvimos la suerte de que estas dos maneras de diferenciar el tiempo no llegaran a nuestros días, si hubiese sido así, estaríamos todavía mas obsesionados con con nuestro kairos, buscando como locos vivir momentos, vivir emociones, vivir experiencias. Aunque bien pensado no sé si eso es posible.
Incluso imagino relojes y calendarios keirosanos que habrían impedido el negocio “cuqui” de las tazas wonderfulianas.
A mí lo que me ocurre es que mi kairos es tan inigualable que me esfuerzo porque mi cronos sea cada vez mejor, incluso llegar a confundirlos si no estoy muy atento.
1 comentario:
Muy interesante
Publicar un comentario