21 abr 2026

NOSTALGIA DESDE EL SIGLO XV

Todos arrastramos un pasado. Yo fui (y creo que siempre seré) scout. Recuerdo siendo monitor en una ruta cómo un chaval agotado y desesperado me decía que “necesitaba respirar aire contaminado y pudrir su cerebro jugando a la play”. Yo, mientras intentaba ayudarle y motivarlo, imaginaba a sus padres orgullosos por la educación que daban a su hijo creyendo que le estaban inculcando el amor por la montaña.

Les aplaudo el intento.

Imagino a este chico hablando con sus amigos 20 años después contando sus campamentos de niño, qué bien lo pasaba y reflexionando sobre que ahora las cosas ya no son como antes, se ha perdido la esencia.

La vida es compleja.

A todos se nos cuela la nostalgia a la mínima que nos relajamos, es una de esas trampas que me molestan especialmente cuando la detecto en discursos ajenos pero en la que, si caigo yo, está justificado. Porque en mi caso no es nostalgia, son recuerdos. Y argumentos válidos.

Por suerte aprendí que en realidad la gente no echa de menos el pasado, sino que se echa de menos a sí misma en ese pasado. Por eso es tan triste escuchar a alguien que no hace más que añorar aquello, solo les queda la caída.

Yo tengo recuerdos contradictorios de mi pasado. Cuando estaba en 3o de primaria, nos pasamos el año con un cartel en clase que celebraba el 500 aniversario del descubrimiento de América. Nostalgia del siglo XV. 

Aquel año, no recuerdo por qué, un profesor nos preguntó a toda la clase si había algo que no nos gustaba. Yo dije algo que al hombre le pareció un sacrilegio: “no me gustan las naranjas”. Todo se paralizó y me hizo subir de pie a la mesa para mantener esa afirmación ya que, no era posible que a un valenciano no le gustaran las naranjas. Yo, sin entender nada me subí y dije que no, que no me gustaban.

No me alteré. Allí estaba de pie en aquella mesa sin saber si era peor lo de ser valenciano, lo de las naranjas o lo de la sinceridad.

Ese día aprendí 2 lecciones: que es mejor callar, y que cuando no has callado a tiempo, lo mejor es dar la razón al otro y pedir disculpas por el malentendido. Eso, o aprender a que te guste todo.

Pensándolo bien, no se puede decir que aquello no fuese un buen método de enseñanza. Aunque no estoy seguro que aprendiese lo que aquel hombre enseñaba, lo que aprendí todavía lo recuerdo hoy.

Todo no se puede tener.

Resulta que han pasado los años y ahora disfruto de las naranjas; como casi a diario. Pero no sé hacer una buena paella.

Porque quizá el problema no fuesen las naranjas, sino las expectativas.

Prometo que voy a mejorar.

1 comentario:

Maria Alarte dijo...

Me parece muy interesante de que la gente echa de menos la persona que eras en una etapa determinada.
Pero esa persona sigue estando ahí, la pureza suele ser en la infancia ya que no hay heridas que cambien nuestra manera de conducta. Pero con técnicas como la meditación yo he conseguido volver a encontrar la persona que soy realmente, desde la compasión la gratitud , el respeto y la paz. Volver a nuestro centro .
Un saludo.