28 sept 2026

PISA

Eran sobre las 8 de la tarde de un día cualquiera de la última semana de agosto, llegué a casa, me cambié, me relajé tranquilamente y me puse un partido de fútbol como quien recita una oración, un pequeño ritual que hace que mi casa no sea solo casa, sino mi hogar.

Al rato me entró algo de hambre, de ese tipo de hambre que solo se sacia con la comida que no tienes en casa. De ese tipo de hambre que no es hambre exactamente. Así que me rendí ante mi cuerpo y bajé al súper con la primera parte de aquel partido aun en juego, pero con el timing perfecto para llegar al comienzo de la segunda.

Allí, en el súper, compré dos brócolis y una pizza. Nada se me da mejor que aplazar las decisiones inmediatas para un poco más tarde. Luego de vuelta en casa, no quedó mas remedio: la pizza para esa noche; los brócolis, un buen recurso para un futuro indefinido. No sabía cuándo, pero sí que no serían para esa semana, porque era agosto, tenía algunas comidas de compromiso, y otras con amigos y no iba a ponerme exquisito en una semana tan cargada. Además, sería una manera de desperdiciar el brócoli. La pizza era una opción más coherente.

El razonamiento fue ese, pero podía haber sido cualquier otro, porque de lo que se trataba era de justificar que me apetecía comer hidratos frente a un alimento moralmente superior, que solo había comprado para cenar sin culpa.

Cada vez que abría la nevera durante el mes de septiembre ahí estaban los brócolis gritándome en silencio, recordándome lo fácil que es encontrar justificaciones para hacer lo que ya te apetecía hacer. Hasta que llegó uno de los mejores y más infravalorados momentos del año: el día en que se presentan los resultados del informe PISA. Lo bien que Lo paso esa semana y cada año me pulla por sorpresa

El informe PISA es uno de los eventos mas importantes del año. Ojalá un informe PISA cada mes: los resultados siempre son malos y preocupantes, todo el mundo tiene claro el origen del problema, pero siempre es algo que hacen los demás. La sociedad está fatal, pero siempre es por los otros.

Quiero un informe PISA para cada ámbito de mi vida: así habrá siempre alguien preocupado por mis resultados, explicando causas y llevándose las manos a la cabeza sin entender por qué no se aplica alguna solución obvia y sencilla a problemas complejos.

Lo maravilloso del informe PISA es que preocupa y afianza prejuicios a partes iguales. Da igual con quién hables: la culpa de todo siempre es de los otros. Para los ateos, el problema es la religión en la escuela; para los de derechas, es el gobierno; para los republicanos, la monarquía; para los boomers, la tecnología, las redes sociales y ahora, para muchos la IA la lo está rompiendo todo. 

Me sorprende esa preocupación porque los demás no usen la IA, cuando es cada vez más raro estar en una conversación en la que alguien no te recomiende usar la IA. ¡Ah, bueno! Que el problema no es la IA, sino es el uso que le dan… los demás, porque la manera de usar la IA de la persona que te lo dice, siempre está bien. Y yo siempre escucho esos argumentos con cara de interés, porque nada me gusta más que los regates mentales que cada uno nos hacemos en nuestro día a día.

Recuerdo cuando iba al colegio como el fútbol era el problema, ahora el problema es que los niños no juegan porque están todo el día con el móvil. Yo, si fuera el fútbol, no me dejaría jugar. Ya me ibais a echar de menos.

Qué tiempos en los que el problema era la TV, ahora la caja ya no es tan tonta. Ahora hasta hay quien te explica las virtudes de tener reunida a la familia en torno a la misma pantalla.

Estoy expectante por saber cuál será la novedad que aparezca en unos años y nos haga añorar las virtudes de ese demonio llamado IA.

Yo, mientras tanto, seguiré viendo el mundo arder desde mi móvil, con un brócoli siempre en la nevera.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Podemos hacer informes PISA ...
Frecuentemente

Anónimo dijo...

muy buenos INFORMES y tu narrativa 👏🏼😁

Anónimo dijo...

Me encanta poderte leer. La sociedad da pena, todos siempre con los dichosos móviles. Hasta mi nieto de 10 meses, lo tienes en brazos y al ver el móvil en la mesa, se hecha a cogerlo. Le ponen canciones....y ya van enseñándole.Mis hijos, como bien dices tu, se criaron en un pueblo de 1.700 habitantes, y las tardes las pasaban en las calles jugando con otros chicos de su edad. Eso va acabando se, como el salir al fresco en la puerta de casa. Se ven, pero también va a menos. Y da pena, que todo esto quede atrás. Gracias por compartir todo esto