22 ene 2022

¿EN QUÉ MOMENTO HA PASADO TANTO TIEMPO?

"Nunca pasa nada hasta que pasa, y entonces estás jodido hasta el fondo. Antes de estar jodido, mi vida era perfecta, y si no perfecta, porque la perfección es otra forma de calamidad, yo al menos vivía con la despreocupación de aquel que hace lo que más le gusta y a quien nada le provoca fastidio. Eso para mí, significaba algo aproximadamente perfecto" (El váter de Onetti)

Últimamente miro el reloj casi lo mismo para saber qué hora es cómo para comprobar en qué año estamos. En esa persona me he convertido.

Sobre el paso del tiempo se ha escrito mucho, no creo que yo pueda aportar nada nuevo y mucho menos mejor de lo que ya hay. Pero lo que sí sé, es que los días pasan sin que pase nada y en realidad pasa de todo hasta que de repente una tarde cualquiera, sin avisar, la vida te pone delante tu realidad, una realidad que ni imaginabas ayer y que si alguien entiende que me la explique, o mejor no; total, ¿para qué?.

Me pasó ayer.

Salí de trabajar a mediodía no muy tarde, fui a casa a comer con la intención de ir a entrenar pronto para que me diese tiempo a cumplir después con algunas de las nuevas obligaciones que me han caído desde hace unos meses. Así que me senté en el sofá, yo creo que no pasó ni un momento y al mirar el reloj, sorpresa: ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿En qué momento ha pasado tanto tiempo? ¿Casi las cuatro ya?

Aun con esto, tuve tiempo de calzarme las zapatillas y cumplir con el entrenamiento. Bien.

Un par de horas después estaba sentado en una silla en un Burguer King junto con un grupo de madres mientras celebrábamos un cumpleaños. Yo no sé si es que todavía seguía aquello que me vino después de comer; o le había dado tiempo a irse y volver, pero en mi cabeza seguía ahí, ¿en qué momento ha pasado tanto tiempo? ¿Finales de Enero? ¿¿¿2022???

Tengo la sensación de que ayer estaba jugando a balonmano en el patio del colegio y sin embargo casi no han pasado cosas en todo este tiempo...

14 ene 2022

LISTA DE NO DESEOS

Uno de mis propósitos de estos días es retomar el blog (este año de verdad, no como los 4 anteriores) e incluso hasta he tenido un par de lo que yo creía eran buenas ideas pero que el tiempo ya ha dejado obsoletas. Una de ellas era mi carta a los Reyes Magos, pero ha pasado más de una semana desde que se fueron y casi ni la llegué a empezar.

Aun así, recuerdo que hubo un rey que llegó tarde, un rey que me representa y que quizá esta vez sirva de algo: Artabán.


A estas alturas no quiero hacerle el camino más difícil con mis tonterías, espero que esta carta le ayude a entregar otros paquetes más importantes a tiempo:

Querido Artabán,

Este año te voy a pedir que pares un momento en tu largo camino, tomes un buen café y hagas una última revisión de tus paquetes, quizá lleves alguno que te sobre y puedas aligerar la carga:

No me traigas un descenso; no traigas noches largas de esas que duran varios días o semanas; no necesito mentiras ni promesas rotas; tampoco cuentos de hadas; no quiero lesiones, ilusiones que vienen rotas antes de abrirlas, ni que se vayan más amigos de los que ya marcharon.

No quiero mudanzas; no traigas llamadas de comerciales a la hora de la siesta; prescinde de algunos fracasos, los puedes dejar ahí donde estas ahora y ya encontrarán dónde ir; no nos traigas más muebles o electrodomésticos; las roturas, los pinchazos, las lesiones pesan demasiado para un viaje tan largo. No quiero encierros ni confinamientos, los hemos probado y no nos han convencido.

No me traigas funerales, tristezas o decepciones que tenemos todavía algunas que no hemos podido devolver; no traigas plastas, no quiero listillos ni profetas del día después; ni por favor, cenizos, tristes y pesimistas. Tampoco imbéciles.

No vengas con soledades ni con compañías vacías; no te lleves más gente de los que ya se fueron, aunque algunos sigan aquí aun sin estar. No te voy a pedir que no traigas bodas, pero no demasiadas.

No quiero que se me estropee la moto, quedarme tirado en cualquier carretera sin nada que leer, no traigas aburrimiento insoportable y si puede ser, deja algunos grados menos de los que sueles traer para el verano.

Hay gente que aprende de las derrotas, que saben lo importante que es que a veces las cosas salgan mal, aprenden mucho; así que si tienes una de esas quizá convendría que se las llevases allí a ellos; total, en esta casa tampoco valoramos tanto lo de aprender, créeme. Esos lo aprovecharán mejor. 

Si revisas y tienes alguna sorpresa de esas que me he olvidado, no dudes en dejarla.

Atentamente.

David.

26 ene 2021

TODAVÍA CRECEN AMAPOLAS

Hace años que uso este blog como un recurso terapéutico: solo aparezco por aquí cuando he agotado todos mis recursos. Hace demasiado tiempo ya que tengo el propósito de escribir con continuidad, tanto que últimamente ya casi que ni me lo creo. Es una pequeña frustración, aunque visto así, ni tan mal. No me quejo.

Sé que no soy el único que está harto de esta situación, es desoladora; últimamente solo tengo ganas de que pase ya de una vez tanto dolor, tanto miedo, tanta incertidumbre y tantas cosas más.

Estos días por mucho que intente coger distancia de todo lo que pasa (por salud mental) es inevitable transitar entre el cabreo y la frustración o de ahí a la desesperación, la rabia o la incredulidad. Me agota todo lo que veo, leo o escucho, pero sobretodo me enerva leer a los guardianes de la moral que se dedican a impartir lecciones sobre lo malos que somos todos los demás los que no nos metemos en casa y salimos solo para ir a trabajar. Y quizá tienen razón.

Ayer, en uno de esos momentos de tristeza recordé algo de lo que ya he hablado en este blog: cuando acabó la 2ª guerra mundial, en medio de toda la destrucción de un mundo gris que parecía muerto, unas flores se abrían paso con un rojo intenso y daban color a kilómetros y kilómetros de oscuridad.

Aquello se convirtió en un símbolo en algunos países que aun hoy permanece.


Nos acercamos ya al año de pandemia y delante de nosotros tenemos un paisaje triste y gris pero me he fijado y he descubierto que también crecen amapolas: han nacido niños; amigos han sido y son muy felices, parejas se han encontrado; gente ayudándose sin más; gestos que nos han alegrado días; goles de Morales; regalos que no esperas; agradecimientos sinceros; personas fantásticas cada día; gente que saca lo mejor de sí...

Me vais a perdonar pero por una temporada me alejo de todo este ruido y me quedo mirando las amapolas a ver si así dejo un pequeño hueco a la esperanza. 

Digo esto aun a riesgo de ser un hortera, que es de las peores cosas que se puede ser en esta vida.

Pero puestos a equivocarse, que sea así.

30 abr 2020

UNA MONEDA DE 20 CÉNTIMOS

El otro día, ya no sé ni cuándo, salí a hacer la compra; al volver a casa y tras desinfectarme y guardarlo todo, se me cayeron 20 céntimos al suelo. Me quedé mirando la moneda unos segundos y decidí que uno de los pocos actos de rebeldía que me podía permitir en una situación como esta era dejarlos ahí, sin recogerlos. Jódete, yo mando.

A la mañana siguiente, me levanté y al ir a encender la cafetera ahí seguían, tirados en el suelo. Ni me acordaba, claro. Me quedé mirando la moneda otra vez y lo que toda la tarde anterior me había parecido un acto genial y de una dignidad incuestionable, pasó a ser una enorme estupidez.

Antes, cuando descubría que mi "yo del pasado" era idiota me avergonzaba. Esta vez fue una alegría.

Llevo confinado unas cuantas semanas; hace tiempo que me di cuenta que me cuesta asimilar todo lo que leo y escucho que dicen que pasa a mi alrededor. De vez en cuando me da por hacer un repaso mental de algunas de las conversaciones que tenía allá por el lejano febrero y marzo y alucino con lo estupido que queda todo aquello. Las preocupaciones y planes inaplazables que han demostrado ser inútiles.

Y aquí estoy escribiendo sobre una moneda que dejé en el suelo.


Así que bueno, reconocer la propia estupidez cada vez más rápido es un (buen) avance.

Supongo que esto me ayudó a entender lo que debe ser eso que tanto leo sobre todo lo bueno que va a traer esta pandemia que tanto ha enseñado, que tan buenas personas va a hacer y que tanto ha enseñado a la gente.

Hasta ese día sospechaba de cada persona a la que veía alegrarse de todo lo que ha aprendido, todo lo que le ha mejorado el coronavirus (?) porque intuía que detrás de todos esos aprendizajes lo único que hay en realidad es una reafirmación de todo lo que ya pensaba y ya creía antes, a lo que de alguna manera, este bicho le ha hecho ver cuánta razón tenía y qué equivocados están (estamos) el resto.

Yo empecé a dudar de algunas cosas y del miedo que pasé he decidido dejarlo para más adelante, ya veremos.

De momento me conformo con salir de esta sin ser más estúpido de lo que ya entré.

Bastante será.

29 mar 2020

BRAZALETES AZULES Y BRAZALETES INVISIBLES


Supongo que si estás leyendo esto ya me conoces, pero por si acaso (y porque no se me ocurre otra manera de empezar) me presento: me llamo David tengo 35 años y escribo estas líneas desde el piso en el que vivo de 35m2 en Valencia.

Solo en casa con tanto tiempo por delante da para pensar mucho.

Hace un par de días escuchaba en la radio un mensaje de una madre que, con una mezcla de tristeza y desesperación, explicaba que había decidido ponerle un brazalete azul a su hijo con TEA para no ser insultada por la gente desde los balcones cuando necesitaban salir a la calle. Me dejó helado.

Y pienso en mi hermano de 14 años con una discapacidad al que desde el día 10 de marzo solo veo a través de la pantalla del móvil al que pronto podré invitar a esa hamburguesa que quedó pendiente para Fallas y en mis padres que lidian con esta situación.

Mientras te escribo esto, me manda mi madre una foto de mi hermano con el brazalete azul, no puedo escribir lo que se siente al ver a una persona a la que quieres tanto que tiene que ser marcada por culpa de unos cuantos que me voy a ahorrar el adjetivo por mi higiene mental.

¿Te recuerda a algo?

Y pienso en los adictos que siguen sus tratamientos, aquellos que saben lo que es el rechazo, el estigma de la enfermedad mental. No pretendo excusar nada; es una enfermedad de difícil comprensión que difícilmente puede escapar del juicio moral externo: son personas que han hecho (o están haciendo) mucho daño a su alrededor.

Mis pacientes que acuden acudían de lunes a sábado al centro de día a trabajar por recuperar su vida con sus terapias, sus pautas y sus rutinas. Un tratamiento complejo que ya de por sí tiene sus épocas difíciles y ahora, como todos también han visto alterado y han tenido que adaptarse.

Si a cualquiera de nosotros se nos hace difícil este cambio tan radical e inesperado, no sé si podemos imaginar lo que puede ser para una persona con una enfermedad mental. Ahora estamos dándoles cobertura como podemos, haciendo las terapias por videoconferencia, atendiéndoles telefónicamente (mi teléfono puede llegar a sonar más de 30 veces cada día y las enfermedades no entienden de domingos ni días libres) y seguimos peleando con cada uno de ellos para superar esta enfermedad que no te mata, pero te quita la vida.

Y pienso también en todos los adictos que por sus circunstancias o por el desarrollo de su enfermedad todavía no se han puesto en recuperación, esos que su enfermedad es más fuerte que ellos y no son capaces de aguantar en casa salen, aunque hubiesen decidido no hacerlo y destrozan su vida.

Y pienso también en el dolor de los familiares que sufren las consecuencias de este otro bicho, también invisible que no contagia, pero es capaz de destrozar todo lo que tiene a su alrededor. El dolor de esta enfermedad pocos lo pueden imaginar. No es fácil entender la vida de las madres, padres, hermanos, parejas o hijos de los que pasan por esto. Este dolor quizá no sea físico, es mucho peor.

Y quiero mandarles a todos ellos un mensaje de esperanza frente al sufrimiento y al dolor. No solo para decirles que no están solos, que sé por lo que muchos estáis pasando, que no es fácil; pero también traigo una esperanza en estos días inciertos: hay salida, un futuro mejor está, seguro, esperando cada vez más cerca.

Y ahora ya no pienso más, voy a asomarme a la ventana a aplaudir.



18 dic 2018

POR ESOS PEQUEÑOS MOMENTOS

Hace unos años en mi época de emigrante me preguntaron para un ejercicio de esos absurdos que ponían ya en la educación obligatoria cuáles eran mis lugares favoritos de mi ciudad. No lo dudé, ahí en lo alto de la lista estaba el Ciutat de Valéncia. 

Ayer ahí fuimos otra vez, ¿cómo perderselo? Con la ilusión y las ganas de cada partido desde hace ya tantos años. Anoche nos visitaba el Barça, y con Messi a la cabeza nos calzó 5. Supongo que los momentos más especiales aparecen cuando no los esperas.

No es la primera así ahí, pero por suerte, hacía bastante de una de estas.


Esta mañana a mucha gente se le escapaba la sonrisa, me saludaban con la mano abierta... os podéis imaginar; y es normal, uno recoge lo que siembra, aunque hoy no ha sido su día. Hoy estaba tranquilo. Ya tendrán otros días, eso seguro. 

Cuando acabó el partido tenía una sensación extraña: estaba fastidiado  como cada vez que me pintan la cara, pero a la vez, sentí un orgullo que todavía no se ha acabado de ir, cuando el equipo saludaba desde el centro del campo y desde dentro me salió aplaudir, levantar mi bufanda y gritar "LEVANTE, LEVANTE" ver y oír que éramos muchos.

Ahora podrán venir y decir que eso es de perdedores y no voy a discutirlo (igual hasta tengan razón). Pero pasa una cosa: uno no elige la mayoría de cosas que le pasan en la vida, otras las elige pero no sabe lo que implica. Pero hay una cosa que sí elige: cómo vivirlas. 

Yo disfruto así, viviéndolo con esperanza, con ilusión y con entrega. Apreciando el trabajo y el esfuerzo. Estoy convencido que con el tiempo los resultados darán la razón a esto pero, ¿sabes qué? Sé que la realidad es muy tozuda y puede que mi pasión no me esté dejando verlo como es, en ese caso, enjugaré mis lágrimas, me levantaré y volveré a ocupar mi asiento con la ilusión de cuando comía paella en casa de la abuela antes de ir a los partidos.

Eso no nos lo podrán quitar.




29 oct 2018

APROVECHA, JODER, DISFRUTA

Creo que fue a Juan Tallón al que le leí que escribir es fracasar ya que como tantas cosas en esta vida cuando pasan de tu cabeza a la vida real nunca llegan a ser lo que imaginabas. Para muestra esta primera frase.

Tanto es así, que es difícil encontrar gente que relea sus textos por gusto. Yo trato de evitarlo pero hace unos días hablando con alguien, estuve recordando mi última maratón de la que ha pasado ya algún tiempo; y casi sin darme cuenta me vi leyendo la crónica que escribí de aquel día. Joder, me llegué a emocionar. Es la primera vez que me pasa. Así que aquí he vuelto a contarlo. Aunque sospecho que aquello que me subía por la tripa tenía más que ver con los recuerdos de aquel mágico fin de semana que por otra cosa. Pero me da igual, fue fantástico.

Así que me ha animado a asomarme de nuevo por este blog solo para decir una tontería cosa: disfrutad. 
Disfrutad cuando aparezca una buena racha, días buenos, o momentos que valgan la pena; aprovechadlos, alargarlos si podéis pero sobretodo, saborearlos porque se van. No sabes ni cómo ni cuándo pero de repente ya no estás como estabas. Se fue.

Así es la vida. Todo se va, aunque de la misma manera que esos momentos se escurren entre las manos sin poder hacer nada por evitarlo; si sigues tu camino en vez de pararte a un lado a llorar lo perdido, llega el momento en que todo aquello vuelve, incluso mejor que cuando se fue. Quizá todavía no hemos aprendido cuál es el momento en que hay que enderezar el ritmo, así cuando pretendemos cambiar de sentido, la salida ya queda atrás

Lo importante es llegar al final y no sentir lo que explicaba tan bien Jabois hace unos días "maldecir haber estado, no estar".

Quizá escribo todo esto porque los retos que me empujaron a crear esto quedan ya lejos en el pasado y estoy buscando la motivación ahora que vuelve la oportunidad de pelear por tener otros nuevos en el futuro.

O quizá no. Quizá esté hablando de otra cosa.